6 de abril de 2015

Penitencia sexual.



He llegado a la conclusión que, de un tiempo a esta parte, quedo con gente de la que sé que no me voy a enamorar. Se trata de perfiles de personas no peligrosas de las que no tengo miedo a enganches difíciles de quitar. Como mucho algunos pueden ser personas "velcro" que con estirar un poco acabas separándote fácilmente, pero nada que requiera un mayor esfuerzo.

Con C. ya he quedado dos veces. Está en su último año de Psicología y percibe el mundo como algo extraño. No tiene intereses hacia la música o el cine, apenas ha viajado ya que prefiere viajes de ida y vuelta hacia la lascivia. Fuimos a la terraza de mi piso la noche del Viernes Santo ya que no quería molesar a mi compañera de piso. Los tambores de las procesiones retumbaban en la calle paralela mientras mi polla retumbaba también en su garganta. No se podía comer carne, pero él la devoró hasta que me corrí a chorros donde la vecina del quinto tiende la ropa. Después de hacerlo empecé a mover mi pene de arriba a abajo, iba al compás de la procesión, fui consciente de todos los redobles de tambores en un segundo y quise hacer penitencia con él. La penitencia de mi bucle.

C. es de Almería, peluquero (sin pluma, como él mismo me dijo) y con una barba tupida donde se le enredan las ganas de abrazos todas las noches. Fuimos a su casa donde estaba un amigo suyo del pueblo en plena crisis. El chico que le gustaba se acababa de enterar que hacía tres años él había sido transformista y la noticia no le había caído muy bien por pensar que por eso era menos hombre. También apareció su compañera de piso con un novio ciclado y que nos contó como se lo folló en el sofá. Asistí a todo aquello como ajeno, con el simple objetivo de desenredarle las ganas de abrazos a C. de la barba y de ver como desde arriba me cabalgaba las ganas de querer desaparecer en un orgasmo infinito.

Llego a la conclusión de que tengo miedo y que por eso quedo con gente que no tiene nada que ver conmigo..., o quizá es porque no existe ese tipo de gente que verdaderamente me complemente, y eso me causa más miedo aún. Y ahora, con vuestro permiso, me voy, que he vuelto a quedar.

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