18 de noviembre de 2009

Cola de cerdo.



Y me dedico a jugar a las canicas con los puntos suspensivos de mi vida mientras con la otra mano le echo un pulso a los fantasmas que me rozan la espalda con sus roidas sábanas amarillentas, notando como las venas de los brazos se me tensan tanto que podría tocar música con ellas.

Y en el facebook veo que el último "tuberculillo" con el que estuve tiene una foto con un chico muy parecida a una que tiene conmigo, de la misma manera, con camisetas negras, mirando a la cámara, medio sonriendo. Y pienso que la historia se repite, que seguramente hará alarde de esa persona en todas sus redes sociales como hizo conmigo, que cometerá los mismos errores y, visceralmente, me siento mal. Me invade la sensación de que vivimos en un bucle, en una eterna cola de cerdo. Tensando y destensando, en puro equilibrio.

Y no me gusta el rabo ni el morro de cerdo, y tampoco me gusta tener el miedo que tengo a las personas, y menos aún darme cuenta de que todos a mi alrededor se mueven, se relacionan, interactúan, y yo no..., yo me limito a balancearme en la puta cola de cerdo intentando no caerme dentro del bucle, intentando escribir un guión diferente para que no se repita todo una y otra vez.

Todo se mueve. Todos se mueven. En espiral, no sé si de autodestrucción o de autoengaño, pero todos se mueven por la cola de cerdo buscando, finalmente, el culo de su felicidad.

6 de noviembre de 2009

Pesa.


Hoy me pesan los párpados de tantos pensamientos que tengo colgados en las pestañas. Hoy me quiero quedar acurrucado hasta que las rodillas se me junten con la frente y que la rótula (que me han dicho que es el hueso más inteligente que tenemos) le pueda decir a mi cerebro "Ya está bien, ¿no?".

Vivimos en un Haloween continuo y sempiterno. Gente con máscaras, disfrazados de lo que no son, gente fea (por dentro), gente extraña que te asusta... 365 días de Halloween perpetuo.

-¿Truco o trato?
-Trato.
-Pues bájate los pantalones.
-Pues casi que prefiero truco.
-Entonces déjame bajártelos a mí.

Hoy me pesa la bombona de oxígeno de la que todos respiramos a hurtadillas, cuando nadie nos ve. Y no precisamente porque esté llena, sino por todo lo contrario. Está vacía, la llevo a cuestas y no sé por qué. No hay oásis. No lo diviso. Sólo veo antifaces, máscaras y complementos falsos.

Hoy caigo en la cuenta de que, quizá, lo que verdaderamente me pese sea el disfraz que llevo puesto de caballero con armadura y escudo a juego... A juego con el juego de la vida, claro. Puede que sea eso. ¿Truco o trato, vida?



2 de noviembre de 2009

Dejándome llevar... ¿A dónde? Ni idea.



A veces me da palo contar cosas por estos lares, pero luego caigo en la cuenta de que nadie me conoce, así que...

Esta mañana ha sido mala, sobre todo porque 10 minutos antes de llegar al curro me han llamado para decirme que no hacía falta que fuera. Un trabajo de mierda en el que en cualquier momento me pueden decir "Ya no vengas..., pero nunca más". Así que todo cabreado y de bajón me he ido al Consum a comprar agua, danones y un poco de dignidad.

Y allí me he encontrado a aquel chaval que años atrás se me avalanzó a la salida del metro para tirarme los trastos descaradamente con una excusa idiota. Por aquel tiempo yo tenía novio y pasé de él completamente, incluso cuando llegué a casa le conté a mi chico lo que había pasado en plan anécdota, y siempre que lo volvía a ver por la calle (era y es del barrio) ni lo saludaba para no darle pié a nada de nada (yo soy así). Y hoy me ha visto y ha venido a mí cual ave rapaz para preguntarme si yo era aquel chico de murcia que vivía con el novio. Obviamente yo era y soy ese chico de murcia, pero actualmente sin novio... Reacción inmediata de ojos abiertos, móvil en mano, y palabras "¿Quedamos dentro de un rato?" saliendo a borbotones de su boca... Y lo más fuerte es que yo he asentido a todo, dejándome llevar por el frescor de la sección de congelados.

Luego me he visto hablando con él, dando un paseo y poco más tarde charlando en las escaleras de la azotea de su piso, antes de que se avalanzara sobre mí cual ave que da de comer a sus polluelos en plena boca, y yo dejándome llevar (y alimentar...) Los detalles de luego mejor me los guardo, (aunque no, no ha habido consumación) pero he llegado a casa con la sensación de "¿Qué coño ha pasado?". Y me pongo nervioso porque cuando no controlo las situaciones y se salen de mis esquemas yo me salgo también..., aunque para salido él, claro está.

Y no me siento especialmente bien por haber hecho lo poco que he hecho, pero tampoco mal. Simplemente me pregunto si me gustaría volver a repetir de nuevo (esta vez sin escalones de por medio), explorar ese mundo "follamistero" y dejar de pasearme por los jardines del palacio victoriano por los que suelo pasear derramando lágrimas por amores pasados o por futuros que nunca llegarán. No sé. Creo que el Frenadol aquel me dejó sin capacidad de decisión..., o quizá haya sido la decepción, que en sobredosis nunca es buena, y me confunde, y me ciega, y me hace hacer tonterías como la de hoy. O simplemente es que soy como soy y no le tengo que dar más vueltas... No merece la pena.

27 de octubre de 2009

Frenadolizándome.


Me duele la cabeza desde el sábado por la noche, me invade la sensación de estar pero, a la vez, de no estar. Me tomé un Frenadol y descubrí la droga más dura habida y por haber. Totalmente zombie. Totalmente K.O. Y aún me dura.

Este mes parece ser el mes de los "ex" en los grandes almacenes de mi vida,. Hoy han hecho acto de presencia dos de ellos (tampoco tengo tantos, eh). Uno indirectamente, a través de una lista de clientes de una empresa a los que hemos tenido que llamar para hacerles una encuestas de satisfacción. Pues allí estaba su nombre y el azar, mirándome a los ojos, los cabrones. Inmediatamente he pasado al siguiente de la lista. Y el otro, pues me ha mandado un sms para decirme que hoy hacía 8 años que me conoció..., me he quedado flipadérrimo porque yo no llevaba la cuenta, claro. Es un encanto (este sí) y me ha parecido todo un detalle que se haya acordado. Pero aún así me pregunto qué coño tiene este mes, que debería de llamarse EXtubre o algo así... Y el filo de la X, quieras o no, araña.

Para colmo estoy tan imbécil (o blandito) que he visto este vídeo de boda y me he puesto a reir y luego a llorar... Puto Frenadol (por echarle la culpa a algo):



22 de octubre de 2009

El soplo de la vida.


El soplo de la vida nos recorre el cuerpo con más o menos acierto...

A algunos ese soplo les hiela, les pone los pelos de punta y tienen que encontrar urgentemente alguien que les haga de abrigo. Siempre en la eterna búsqueda del refugio ajeno y sin darse cuenta que somos nosotros mismos nuestra mejor cabaña para descansar al calor del fuego de nuestra propia independencia.

A otros, sin embargo, ese soplo les da calor y todo les pesa, les agobia, les quema..., son pura levedad, no quiere ser más que eso. Desean vagar por el cielo sin ataduras, luchando por dejar de ser un globo con cordón atado a alguna mano. Ser únicamente humo aspirado para luego ser devuelto al aire tal y como estaba, intacto, tal y dónde estaba. Allí, en medio de la cuarta estrella. Cuanto más lejos mejor.

En fin, al menos abramos la ventana, a ver por dónde coño sopla la vida, ¿no?


19 de octubre de 2009

Diluvio en mi cabeza.


Es curioso bajar una montaña mientras una tromba de agua cae encima de ti calándote hasta el tuétano... Lo pasas mal porque las piedras resbalan, porque tienes que mantener el equilibrio, porque la ropa pesa tanto o más que sentirte como un hormiga entre la inmensidad de la naturaleza que te rodea.

Y notas como dentro de los zapatos tienes dos mini piscinas por las que vas pisando como si llevaras flotadores en los pies. Y a la misma vez dejas que todas las gotas que se escurren por tu cara se lleven los malos pensamientos, las frustaciones, las desilusiones, la fealdad de la vida y las personas, y, poco a poco, te dejas inundar... Te dejas inundar por la amistad personificada en dos personas a las que quieres, por la sensación de libertad que te produce mirar al cielo y abrir la boca, por la certeza de que, aunque nos empeñemos, las cosas son más fáciles de lo que pensamos y por el simple hecho de que vivir momentos así es lo que veraderamente merece la pena.

Me dejo inundar por todo eso y de repente pienso que no me importaría ahogarme.


14 de octubre de 2009

Viaje ultrasónico.


El otro día hablaba con mi amigo E. (al que yo lo llamo "mi gurú") sobre esas relaciones sentimentales que son muy intensas desde el principio, que enseguida suben, que son volcánicas, que son como una montaña rusa que te pones a 100 km/h en dos segundos, que sientes vértigo desde el primer momento y que se te pegan a la boca del estómago y a los cartílagos del corazón.

Hablamos de ese tema por que a él no le sucede tal cosa en la relación que está manteniendo actualmente. Lo suyo es más sosegado, va muy lento, poco a poco, con inseguridades, con dudas, piano, piano... Hablamos porque él es de la opinión que las relaciones así es más probable que salgan mejor que de la otra manera. Y me hace pensar..., me hace pensar porque mis dos últimas relaciones han sido con la cuarta puesta, muy de "dejarse llevar" por la velocidad de la pasión, los sentimientos, los "echo de menos", los planes futuros, el echar gasolina super, el ponerse el casco y sentir que la novedad se te agarra por el estómago y, finalmente, te entra por el ventrículo izquierdo a la velocidad de la luz haciéndote sentir vivo y de puta madre.

Y me planteo seriamente si la próxima vez no debería sacar un billete para los caballitos pony en vez de para la montaña rusa. Es algo en lo que no puedo dejar de pensar. Pero no sería para trotar, sino para dar un paseo ralo, liviano y cuando haya que cabalgar más rápido, pues se cabalga..., pero siempre con las riendas en la mano, consciente de que un caballo no es una montaña rusa. Siendo muy, muy consciente... ¿Pero me pregunto hasta qué punto ésto puede matar la espontaneidad y fumigar las mariposas del estómago? No tengo ni idea, de verdad que no... Así que, como diría mi llavero, me clavo un clavo.

Y me doy cuenta que, al final, para lo único que saco billete es para los coches de choque porque siempre acabo estrellado... Sí, ese que está parado en medio de la calle en un coche de choque mientras se mira los pies soy yo. Lo digo por si me véis algún día.


12 de octubre de 2009

Es-clavo.


Este es "Es-clavo". Me lo regaló uno de mis mejores amigos hace poco. Llegamos a la conclusión de que tiene la cabeza llena de clavos porque cada vez que le viene un pensamiento irracional, negativo, estúpido, bajonero o recurrente, se clava un clavo y el pensamiento para, se detiene, desparece... Por eso sonríe y es feliz. Por eso más de uno deberíamos llevar la cabeza como él; repleta de clavos, cual Hellraisers de la vida.


11 de octubre de 2009

Bronceando pensamientos.



Me gusta que el sol se corra en mi cara. Que sus rayos se deslicen por mi boca, que poco a poco se introduzcan dentro de mí y acaben follando salvajemente con mis pensamientos.

Me gusta ver la gente correr, ver como ocupan su tiempo para no pensar en otras cosas, algo así como hacer de sus recuerdos la tierra que pisan.

Me gusta sentirme parte de algo que no sé muy bien qué es, que no entiendo cómo funciona pero que noto que está ahí, fluyendo a mi alrededor. Ser un peón pero sin saber muy bien qué casilla pisar. Jaque mate a la ilusion, es lo único que sé.

Me gusta ver como se cruzan dos tranvías al mismo tiempo y observar como cada uno sigue su camino. Me gusta pensar que es lo mismo que me pasa a mí con todas las relaciones sentimentales que he tenido. Direcciones opuestas, destinos diferentes... Ya casi no me queda gasolina.

Hoy me gusta todo, absolutamente todo, menos mi vida.


8 de octubre de 2009

Té, porro y donut.



Bebo té, fumo porro y como un donut, aunque no expresamente en ese orden. Lo hago como un ritual, como quien dice un "te quiero" cual autómata, sin ni siquiera pensar en el significado de tales palabras... Palabras que, al final, se tornan amarillentas y roídas de tanto darles vueltas en la lavadora de tu boca y de tanto tenderlas en el tendedero de tus pestañas al árido sol de tu mirada.

Fumo donut, bebo un porro y como té. Y toso, y me ahogo, y me dan ganas de vomitar cuando miro a mí alrededor y sólo siento la vanidad de la gente que se venden por un "qué guapo eres", y creen que te vas a vender por un "ojos bonitos tienes" y no, no es así..., al menos en mi caso. Que se den por enterados. Que se vayan a la mierda.

Como porro, bebo un donut y fumo el té. Y noto que hay días que me siento débil, que creo que lo que me rodea, y su continua partida de tetris, no encaja ni encajará de ninguna manera con las piezas que coloco cuidadosamente en el panel de este videojuego llamado vida.

Y miro el donut, veo el te y observo el porro. Todo detenidamente, como cuando te miras al espejo y te atraviesas el alma, casi sin parpadear, casi sin respirar, como quien espera la revelación del por qué de todo y lo único que obtiene es el murmullo de la soledad que se columpia burlonamente en la cadena del w.c. mientras espera el momento de saltar a tu cuello y apretar un poco más...