9 de diciembre de 2014

Inclemencias reflexivas.



Lo peor de las tormentas no es que te hagan sentir melancólico ni nada de eso sino que, al finalizar, reina tal silencio que, incluso, da más miedo que los propios truenos...Se trata de ese tipo de silencio tan transparente que deja tus pensamientos totalmente desnudos, sin posibilidad de esconderlos detrás de nada mientras notas como la lluvia lo barre todo tan lejos y como, poco a poco, el silencio se va apoderando hasta lo más profundo de ti.

Creo que me da miedo la gente, pienso agazapado en forma de alubia que está a punto de ser echada a una cazuela de agua hirviendo, pero un miedo que se puede peinar y poner hacia un lado o hacia el otro, aunque con remolinos indomables porque, al fin y al cabo, todos sabemos que el miedo no se puede dominar..., es como el pelo de un niño.

Y veo las gotas de lluvia que han traspasado y que resbalan por la pared provenientes del quicio de la ventana de mi habitación y que, rítmicamente, se van sincronizando con las gotas que resbalan por mi cara provenientes del quicio de mis ojos. Alargo la  mano y toco la pared, alargo mi otra mano y toco mi rostro, ambos están fríos, la única diferencia es que mi piel tiembla..., tiembla tanto que después de la tormenta creo que viene el terremoto.

27 de noviembre de 2014

Sexual loop.



¿Conocéis esos edredones que suelen hacer los norteamericanos dónde cada cuadradito representa algo y los van uniendo y les queda un edredón super chulo? Pues ayer pensé que yo tenía uno parecido pero hecho de goterones de semen de la gente que va pasando por mi cama. Todo un collage que normalmente me envuelve mientras duermo.

Hoy lo he metido a la lavadora y parecía como si viera los orgasmos y la cara de la peña dando vueltas y vueltas, como una especie de espiral de caras extasiadas mezcladas con suavizante y detergente..., un eco de gemidos dando vueltas y más vueltas sin saber muy bien donde termina uno y dónde empieza el otro.

Centrifugado de recuerdos que salpican mi boca. Lavado corto de cerebro para no pensar. Y todo, absolutamente todo, sigue dando vueltas....

3 de noviembre de 2014

Anatomía de las soledades.



Me dijo que tenía el cuello anatómicamente perfecto mientras deslizaba su dedo por mi vena aorta y la diseccionaba con la misma precisión que un cirujano suele hacer con un paciente que sufre de aneurisma. Fue algo así como si me abriera en canal con el escalpelo de su mirada, de arriba a abajo, de abajo a arriba, tocándome con sus manos y reconociendo huesos y músculos cuyos nombres ni recuerdo..., el caso es que me fue descubriendo poco a poco mientras yo, mirando hacia arriba para mantener el cuello recto, sólo alcanzaba a ponerme tan duro que podría haberme quitado el pantalón sin nisiquiera tocarlo.

Me dijo que tenía miedo a estar solo y que era adicto al placer y, obviamente, pensé que para eso estaba yo allí... Me paré un segundo a reflexionar si yo tenía miedo a estar solo o si era una especie de adicto al placer, pero no llegué a ninguna conclusión, sólo sé que acabé fumando marihuana y viendo como él esnifaba popper en la cama mientras me ponía un condón y me preparaba para penetrarle.

Y no sé si las soledades se pueden tocar, pero las nuestras lo hicieron en forma de fricción rítmica  y pegajosa. Dos soledades asalvajadas, la mía haciendo tope dentro de la suya, intentando amansarse a golpe de embestida, con las manos entrelazadas y apretando tanto que hasta se escuchaban huesos crujir..., ¿o era la cama?

Por que ,¿qué somos sino personas que nos juntamos por el simple hecho de compartir soledades y fluidos?

6 de octubre de 2014

Hoy no.



Hoy me arranco las ganas de abrazar. Me muerdo los dedos uno a uno, sigo por las palmas y llego hasta a las muñecas donde me dejo dos muñones temblorosos y no..., no paro hasta arrancarme toda la carne y llegar a la altura de los codos donde me detengo a coger aire y escupir toda mi rabia.

Miro a mi no-brazo derecho y luego al izquierdo y deseo y espero que salgan dos alas de dentro para alzar el vuelo tan lejos como mis no-brazos aguanten.

Los pulmones se me encharcan de palabras no-dichas y los ojos de lágrimas no-vertidas... Hoy creo que no-existo. Al menos como yo quiesiera verdaderamente existir.

Hoy no.

24 de septiembre de 2014

Uretritis en el corazón.


"No puedo hablar ahora, están arreglando mi ordenador. Que tengas un buen día."
"Gracias, espero que lo arreglen pronto."

Espero que lo arreglen pronto, sí, porque lo que es lo nuestro no lo arregla ni McGyver, tenía que haberle dicho vía whatsapp.

Recuerdo que nuestro primer baile fue la alarma de su móvil sonando temprano por la mañana. Nos abrazamos y empezamos a bailar a ritmo de esa melodía medio hawaiana que invitaba a mover nuestras caderas y nuestra somnolencia al mismo tiempo. Sin embargo, poco después, todo se fue convirtiendo en un baile arrítmico y descontrolado donde cada uno se marcaba una coreografía tan diferente y perecedera que incuso llegamos a parecer dos estrellas fugaces en cielos totalmente distintos.

Siempre supe que lo que rápido empieza rápido acaba pero, a veces, apetece poner un poco la quinta marcha y notar como se revolucionan tus tripas y como los latidos parpadean a golpe de intermitente y todo se convierte en un viaje tan emocionante y rápido que no te das cuenta de ese paisaje árido y amarillento que va pasando a tu alrededor.

Y de repente notas un bache tan grande que todo se para en seco y descubres que aquello no es más que una estafa emocional a manos de un estafador que, en el fondo, sabes que te quiere, pero no puede evitar ponerse los guantes blancos e ir a robar a bancos ajenos. Y te quitas la venda de los ojos, y piensas que lo único que te une a esa persona es una puta uretritis de tanto follar y que debes saltar en marcha de ese coche porque, aunque la caída duela, sabes que va a doler menos que cuando te estampes de morros contra la roca de tus propias expectativas.

Y entonces vas y saltas y no sabes si te duele más el golpe o el sentirte estafado, decepcionado, o engañado, y vas y te quedas en el asfalto, boca arriba y con los brazos en cruz, respirando profundamente mientras que la raya continua de la carretera te atraviesa de lado a lado y tú intentas no ahogarte porque te sientes como un pez sacado del agua y abandonado en medio del desierto.

Y de nuevo piensas que lo único que os une es una cochina uretritis, todo se ha reducido a eso. Ya no hay más. Amoxicilina tres veces al día durante diez días..., el mejor remedio para los estafadores emocionales. Curioso, ¿no?

27 de junio de 2014

Un refresco y una tapa de sexo, porfavor.



"¿Por qué besa tan bien y la come tan mal?", pensé mientras notaba como sus dientes rozaban mi polla al subir y bajar haciendo que sintiera algo así como cuando una máquina de kebab pasa por la carne, la pela y cae al fondo grasiento y, la verdad, no quería que de ninguna de las maneras eso le pasara a mi miembro. No entendía que tuviera tanta habilidad con la boca para unas cosas y tan poca para otras. Es como si un alfarero no supiera tocar el cuerpo de alguien o un peluquero peinar los sueños de alguna de sus clientas. Algo inconcebible.

Aproveché que subió la cabeza cogiendo aire para estrecharle la cara, atraerle hacia mí y besarle profundamente. Así mucho mejor, pensé mientras nuestras lenguas jugaban al corro de la patata.

La cosa había surgido espontáneamente..., con esa espontaneidad que muchas veces es forzada porque, al fin y al cabo, sabes lo que la otra persona busca aunque lo disfrace de otra cosa. Es lo que tiene tener taitantos, que uno ya conoce de qué va el juego. No estás en el banquillo, ya eres titular.

-Si te apetece hacer algo lo dices... -me dijo con mirada complaciente.
-Pues quiero comerte el culo -le contesté.
-Pero tengo pelo.
-Mejor...

Si su culo hubiera estado en facebook le habría puesto un "Me gusta" más grande que una catedral, así que me sumergí en él como un buceador sin bombona de oxígeno dispuesto a ahogarme hasta que lo oí gemir y apoyar su cabeza en la almohada mirando el techo y queriéndolo tocar con una mano.

Al rato me introduje dentro de él como un extraño que irrumpe en un bar a las 3 de la mañana, algo perdido y sabiendo que van a cerrar dentro de poco. Nuestras pupilas no dejaban de follarse, la una encima de la otra, dejándose arrastrar más y más adentro, sudando y creando marejadas de incertidumbre a golpe de embestida.

Todo acabó como si dos copas se chocaran y se derramaran fuera del vaso salpicando una superficie hirviendo. Y notas como, acto seguido, las pupilas dejan de follarse y se dedican a jugar con el suelo mientras decides ponerte los calcetines y la poca dignidad que te queda se te enreda entre los dedos de los pies.

Y al final del todo los relojes cobran más sentido que nunca. De repente nos convertimos en cenicientas que tienen que correr a ese palacio forjado de miedos y de dudas porque se ha hecho tarde... Demasiado tarde, diría yo.

14 de junio de 2014

Con las canas y las ganas repartidas.



Noto el paso de los años en las canas que me salen en la barba y en los huevos. Las miro y pienso que representan los fracasos, los sueños derruidos, las suelas desgastadas de dar pasos en falso, las espinas de este cáctus desértico llamado vida. Son una especie de ábaco dónde puedes contar las veces que juraste no hacerlo más y, al final, volviste a hacerlo. 

De nada sirve arrancarlas porque de lo que no somos conscientes es que también tenemos canas en el corazón y, efectivamente, esas no son de las que se afeitan..., esas se sobrellevan y hacen de nuestra superficie cardiaca una especie de jardín del dolor dónde, en cualquier momento, te puedes pinchar. 

Últimamente me sorprendo tocándome la barba a cada momento, como si quisiera acariciar los escombros de mis castillos derrumbados y barrerlos hacia mi barbilla para que caigan al suelo y se queden por el camino, cosa que no sé muy bien si consigo.

Ah, y las que me pueblan los huevos son otra historia que, quizá, cuente algún día.

5 de junio de 2014

El ojo de la aguja.



Ahora todo ha desaparecido. De un día para otro el presente se ha transformado en un recuerdo deshidratado y concentrado muy parecido a esas pastillas de caldo que echas en el agua, pones a fuego lento y notas cómo se van difuminando hasta dejar un característico sabor artificial a fracaso al que, por otra parte, tan acostumbrado estoy.

Hay cosas no dichas que se me han quedado dentro creando el mismo efecto que si me hubiera comido un kebab..., pesan, se retuercen y pugnan por salir..., pero no es el momento porque no ha habido ningún "¿Por qué?" por su parte. La interrogación ha sido engullida por el orgullo y los puntos han sido usados como tapones para los oídos para no oír nada..., ni siquiera la conciencia.

Y vuelvo a estar como al principio, en el filo de la cremallera, dudando entre bajarla, sacarme la polla y disparar a todo el mundo como si de una metralleta se tratase o, simplemente, meterla en alguna boca que sepa encadenar más de dos frases seguidas y que tengan sentido. Lo mismo, de esa manera, consigo darme sentido a mí mismo. O no.

30 de mayo de 2014

El coleccionista de almohadas humanas.



Se dedica a coleccionar almohadas humanas..., o al menos es lo que yo creo. Se acurruca encima de mi y se queda dormido dejando sus sueños germinando en mi barriga..., ¿pero cuales son esos sueños en cuestión?, ¿qué es lo que recorre su cabeza mientras se deja llevar y se queda dormido encima de mi? Lo ignoro. Lo putamente ignoro.

He seguido quedando con el chico con el que he descubierto que, quizá, me saboteo. Las dos últimas veces que nos hemos visto ha sido en su casa, con una peli, una serie, un sofá, una persiana bajada y su cuerpo y el mío rozándose tímidamente hasta que, al final, han habido caricias, mimos, arrumacos, abrazos y... ya. 

¿Estoy demasiado acostumbrado a que en una situación como esa acaben bajándome la cremallera y amorrándose al pilón? Y tanto..., demasiado diría yo. Tanto y de tal manera que me sorprendió y me gustó esa ternura de hace unos fines de semana que me recordó a cuando yo tenía 10 años menos..., esa tensión al rozar los dedos de otra persona y notar su calor corporal, ese instante justo cuando sabes que te va a rozar pero aún no lo ha hecho. Como un meteorito a punto de estrellarse.

Pero cuando vuelve a ocurrir por segunda vez (ayer, pero, quizá, con menos intensidad), en el mismo sofá, con la misma persiana y la misma persona, notas que algo falla..., que no estás ahí para que se duerman en tu barriga, que no quieres sueños incrustrados dentro de tu ombligo. Y sientes que, esta vez, el meteorito estalla dentro de tu cabeza y llegada la hora te levantas y te vas tal y como has venido..., embarazado de sueños de alguien a que no crees que vayas a poder conocer porque no estás seguro de que se vaya a dejar.

Por un momento piensas lo bonito que son los comienzos lentos, pero cuando sales por la puerta piensas que algo no anda bien, que algún mecanismo ajeno está en reparación y que lo único que puedes hacer es intuirlo y quitarte esos sueños del ombligo como si de una pelusilla de la camiseta se tratase.

¿Me equivoco al pensar que algo le pasa (quizá que no le gusto) y que no es normal, o me he convertido en un monstruo que, simplemente, quiere un beso? En ese caso soy el ser más monstruoso del mundo... Un puto monstruo.

13 de mayo de 2014

Los actores perdidos.



Se le cierran los párpados tan léntamente que parece un telón que va bajando y deslizándose poco a poco. Sin embargo, y en el fondo, lo único que quieres es que empiece el segundo acto para que los vuelva a abrir y disfrutar de nuevo del espectáculo de su mirada. 

Te das la vuelta buscando al apuntador que le susurra momentos del pasado al oído..., dicen que se llama señor melancolía y que tienes que encontrarlo y ponerle una mordaza en la boca antes de que sea tarde. Eso o noquearle a la primera de cambio.

Y el público espera con las manos tensas para ponerse en pie y dar una gran ovación al final. Lo que no saben es que el final aún está por escribir.

28 de abril de 2014

Descubriendo el siempre jamás.




Te llama la atención la nueva frase de whatsapp del chico con el que has descubierto que, quizá, te saboteas. La copias, la pegas y la pones en Google. Quieres saber a qué canción de mierda pertenece para aferrarte más al hecho de que un mal gusto musical puede ser algo determinante para ti..., sin embargo descubres que pertenece a su blog personal y que no puede ser más íntimo y que, encima, está bien escrito. A la misma vez descubres su apellido. Escribes su nombre y apellido en Google y aparece ante ti: twitter, facebook e instagram de esa persona en cuestión.

En menos de medio minuto tienes su presente y su pasado al alcance de tus ojos, y sientes miedo..., miedo de esto llamado internet y de si quieres ponerte a escarbar en algo que, quizá, no es de tu incumbencia. Sin embargo lo haces, entras a todas las páginas y te das cuenta de que es un chaval que busca un amor puro, tradicional, quizá ñoño, pero que se asemeja mucho a lo que tu buscabas cuando tenías 12 años menos y que ahora se ha adulterado gracias a las experiencias y a toda la mierda que has ido barriendo y que te ha dejado la escoba pelada. 

Y caes en la cuenta de que tu yo de ahora no es ese de antaño..., que ahora es un yo adulterado, un yo inyectado con el botox del no esperar nada de nadie, y te entristeces porque te preguntas si todo eso se puede recuperar de nuevo tal y como lo tiene de intacto este chico.

Y lees un tweet donde pone "Bla, bla bla..., y ahora apareces tú", y no sabes si se refiere a ti o una mosca que se le ha aparecido en la sopa, o quizá se refiere a tu yo de antes, el de hace años, y decides no seguir leyendo porque bajando de fecha descubres que hace poco ha tenido un fracaso amoroso o intuyes algo parecido. Y, entonces, notas el frío del bucle y no sabes si es es el tuyo o es el suyo.

¡¡Apágalo todo!!

Lo apago, pero sé perfectamente que todo está ahí, que puedo meterme en el mundo de una persona sin que ésta ni siquiera lo intuya y sin ningún esfuerzo. Y yo me pregunto, ¿es eso bueno o, por el contrario, es una puta mierda? No tengo la respuesta..., quizá la encuentre en Yahoo preguntas, pero creo que me voy a estar quitecito, ¿no?


22 de abril de 2014

Sabotaje



Sabotaje: oposición u obstrucción disimulada.

Hoy me he dado cuenta que me saboteo a mí mismo, como quien mete un gol en su propia portería o hiere de un balazo a un compañero de guerra.

Bajo la premisa de que ahora mismo no quiero nada serio con nadie me enfrento a "elegir mi propia aventura" con el feaciente pensamiento de que vestir un poco de levedad durante una etapa no es nada malo siempre que, obviamente, no se convierta en algo crónico. Yo creo que actúo en consecuencia, pero me doy cuenta de que no.

Decides quedar con alguien después de que los guionistas de la vida te manden a la página 39 y te encuentras con lo que, más o menos, esperas, es decir, un chico majo, educado, normal, guapete, correcto, con su trabajo y extrovertido pero, al poco tiempo (y como siempre), empiezas a coleccionar fallos tales como: odia los animales o le gusta la música comercial española tipo Alejandro Sanz o Amaral. Y, de repente te entra la bajona porque yo adoro los animales y detesto la música comercial española con la fuerza de mil ciclones... Argh.

Entonces te despides con la promesa de volver a veros (lo cual se hará realidad, estoy seguro) y mientras caminas piensas que por qué coño le das tanta importancia a esos fallos si, en realidad, no buscas algo con futuro porque ahora mismo no te apetece complicarte la vida. ¿Es eso sabotaje sentimental?, ¿es que en el fondo sí que busco complicarme la vida y no busco levedad sino el peso de una relación futurible y seria?, ¿qué más da si no quiere acariciar un perro si con que te acaricie las pelotas es suficiente? Pues está visto que no.

Y te das cuenta de que los jugadores no saben a qué portería apuntar..., se dedican a mirar al entrenador (que soy yo) desconcertados y en busca de instrucciones o de una jugada maestra que no existe.

¿A qué página tengo que ir ahora?

16 de abril de 2014

Elige tu propia aventura.


¿Habéis leído alguna vez esos libritos rojos de "Elige tu propia aventura" cuándo eráis pequeños? Yo sí, decenas de ellos. Me entusiasmaba saber qué iba a ser de mí si elegía hacer una cosa u otra. A decir verdad, no recuerdo qué criterio seguía, si el del impulso o el del razonamiento, pero imagino que poco importa ya que estamos hablando de libros para niños... Ahora es diferente.

Pasa a la página 58 si quieres quedar con el médico de 26 años que sospechas que no es médico sino residente de oncología guapo a rabiar pero demasiado políticamente correcto. Pasa a la 28 si quieres pasar un rato con el estudiante de trabajo social que toca el saxofón y dibuja bucles en la arena porque es su símbolo favorito. Pasa a la 33 si verdaderamente quieres conocer a técnico forestal que no tiene amigos porque exije mucho de ellos, los asusta y luego los critica siendo que el problema es básicamente suyo. Pasa a la 64 si quieres quedar con el camarero del Foster que quiere que adereces su ensalada césar con un poco de salsa salida de tu polla.

Ahora ya no abres libros para elegir tu propia aventura, basta con bajarte un programita al móvil que consiste en perfiles con fotos de personas dónde puedes elegir tu propia aventura a golpe de click. Tan fácil como eso y tan desolador a la vez.

¿Y cuál es el final? Ahí está la cosa, que no está escrito, pero siempre lo puedes intuir... La vida no tiene guionistas ni escritores que hagan un giro de tuerca, la vida es predecible..., tanto que antes de empezar ya sabes cómo acaba.

Pasa a la página 99 si de verdad quieres saber qué es lo que nos espera...

26 de marzo de 2014

Distractions.



Distracción: Cosa que hace pasar el tiempo de manera agradable.

Distracción número 1: Vino a mi casa y me contó que, una vez, yendo al velatorio del abuelo de una amiga entraron a ver el cuerpo dentro del féretro y se encontraron con que el peluquín del pobre señor le tapaba media cara porque se le había ido cayendo poco a poco. Acto seguido empezó a sobarme el paquete mirándome con esos ojos negros ávidos de cariño relleno de semen. Me enseñó su tatoo, el nombre de sus dos sobrinas en el costado..., como si no tuviéramos suficiente con todos los nombres de gente que pasa por nuestra vida tatuados a golpe de fuego en nuestra piel como para tatuarte dos más voluntariamente, sin embargo lo miré y le dije que le quedaba chulo. Es joven (demasiado), ya aprenderá que cuántos menos nombres nos tatuémos en el cuerpo mejor, que así uno anda más liviano. Me bajó la bragueta y se la metió en la boca, lo hizo con destreza y voracidad. Lo más gracioso es que no creo que quisiera solamente sexo, él necesitaba otra cosa que yo no le podía dar, sin embargo le di polla, que muchas veces se convierte en el sustituto del amor y la mayoría en un error.

Distracción número 2: Me contó que en prácticas de medicina sus compañeros y él se estudian el cuerpo humano los unos a los otros, que se quedan en bañador o bikini y se tocan. Es curioso, porque en psicología nunca hicimos terapia entre nosotros..., o sí, pero en la cantina. También me dice que alguna vez ha ido a clase con un dildo en el culo, que le pone la idea de que los demás no sepan que lleva algo dentro de su cuerpo y me pregunta (en la lejanía) que si no me importa que lo tenga ahora dentro también. Le digo que no, que todo lo contrario, que no se lo quite en toda la noche, que duerma con él, que sueñe con él y se levante con él, que casi es más práctico que hacerlo con alguien de verdad, que se evita el mal aliento matutino, las arrugas de la almohada en la cara y el pelo revuelto. Sin embargo él cambiaría su dildo por todo eso. Lo tiraría a la basura y se aferraría con uñas y dientes a alguien que le llenara de satisfacciones... Iluso.

Distracción número 3: Me contó que lee la generación beat, escucha música de grupos independientes y ve pelis como "Cinema Paradiso" o "El Crepúsculo de los Dioses". A priori el hecho de follarme su mente no me suponía ningún problema, sino todo lo contrario. Podría haber sido algo así como cogerle el cerebro con las dos manos, insertar mi polla por su cerebelo e ir desgarrando las paredes del encéfalo hasta llegar a hacerle cosquillas con el prepucio en el lóbulo occipital. Toda una experiencia. Por supuesto luego estaba el físico, que acompañaba mucho a su mente; pelazo al  más puro estilo Jon Kortajarena, barbita de muchos días y unas facciones armónicas que hacían de su rostro un perfecto capítulo de nuestra serie favorita. Todo estaba preparado, íbamos a quedar, pero la inseguridad se apoderó de mí, las dudas y el miedo le hacían los coros y palmeaban tan fuerte que aquello era un desconcierto, así que le dije o, mejor dicho, le escupí sin ni siquiera conocerle que en ese momento de mi vida me daba mucho miedo conocer a un chico que, a priori, me gustase porque, al fin y al cabo, mi vida está aún en el aire, sin saber qué giro tomar. Lejos de mandarme a la mierda me dijo que cerrase la puta boca y que esa tarde se lo contara todo con una cerveza delante. Aún hoy en día, por h o por b, no hemos podido quedar, no por culpa de miedos sino por contratiempos. Quizá es mejor así. Tener el miedo dentro del culo como si fuera un dildo, meterse con él en la cama, soñar con él, levantarse con él y no quitárselo nunca...

Distracciones.

13 de febrero de 2014

Aprendiendo realidades.



"Qué amargo te sabe el semen", me dice mientras se incopora con el ceño fruncido. 
"Sabe justo como mi vida ahora mismo", me dan ganas de decirle y, sin embargo, me callo y le paso unas toallitas con aloe vera.

Es curioso notar que, aunque por aquí cuente mi vida a trozos, ahora soy incapaz de contar nada de lo que me está ocurriendo pese a que, de repente, ha girado todo tanto y ha dado una vuelta tan grande que no sé si estoy boca abajo, boca arriba o de cúbito supino.

Sólo sé que el dolor tamiza la realidad de tal manera que deja pasar las cosas estúpidas y pequeñas para que caigan lo más lejos posible dejando arriba lo verdaderamente importante. Los grumos de la irrelevancia hay que espolvorearlos y pisotearlos. Lo verdaderamente importante está a la vista, a la mano..., otra cosa es que no sepamos verlo.

Lo único que sé decir es que la echo de menos..., la echo de menos tanto que me quitaría la piel y me vestiría sólo con sus recuerdos.

18 de enero de 2014

Casi nada.


Sólo quisiera recostarme en el regazo de alguien, apoyar mi cabeza en la hierba de unos muslos y escuchar la voz del viento susurrarme al oído que todo va a salir bien. Que el sol me acaricie la cara y que sus rayos juguetones se metan por mi nariz para llegar dentro, muy dentro, hasta que iluminen esa oscuridad paralizante que se extiende tan rápido como una especie de escape de petróleo en el mar. Yo veo que avanza, veo que llega, pero no encuentro regazo alguno en el que pararme un minuto para poder tomar perspectiva.

Sólo quisiera cerrar los ojos apoyado en un regazo y sentir como las hormigas de la hierba de unos muslos escalan por mi cabeza en fila india, y que mis ideas, mis pensamientos, mis decisiones se ordenaran y se alinearan también como hormigas de tal manera que, al llegar arriba, ya no tuviera dudas, ni miedos, ni incertidumbres, sólo un hormiguero lleno de certezas a las que poder atenerme.

Pero no hay regazo. Tampoco certezas. Solo una masa incómoda e informe parecida a la nada de "La Historia Interminable" que tapa el sol de tal manera que puedo abrir los ojos de par en par y, sorprendentemente, seguir sin ver nada de nada.

16 de enero de 2014

Segundos que caen como gotas de suero.



-Tú tranquila, que a partir de ahora estaré totalmente pegada a tu culo -le dice una ayudante de enfermería a otra mientras observo sentado en el sillón como si estuviera viendo una película de Almodóvar.

-Hija, ni que fueras mi compresa -contesta la otra mientras me mira y se ríe.

Y la verdad que ganas de reir no tengo, sino todo lo contrario, así que intento esbozar una medio sonrisa educada y falsa que se tuerce tanto como la vida puede hacerlo en el momento que menos te lo esperas.

A veces recibes llamadas de teléfono con tan malas noticias que lo único que te preguntas cuando cuelgas y escuchas el silencio al otro lado del teléfono es "¿Qué coño hemos venido a hacer aquí?", y no encuentras respuesta, por mucho que pienses, por mucho que te quedes de pie con el teléfono en la mano, convertiéndote por momentos en estátua de sal.

Seguro que en alguna parte de este hospital hay niños naciendo. Seguro que nadie les dirá nunca que este mundo es algo muy parecido a una mierda de dimensiones descomunales. Seguro que lo único a lo que se dignarán es a darles una palmada en el culo para que se echen a llorar... Digamos que ese podría ser el primer palo de sus vidas..., uno de tantos, claro. De lo demás ni mú. Quizá me podría ofrecer (como la gente que se ofrece para cuidar a ancianos) a decir verdades a los recién nacidos al oído. Les sería de bastante utilidad, ¿no?

-¿No me puedo poner bragas? -dice mi madre con un hilillo de voz.
-¿Bragas? ¡Aquí no se ponen bragas!, ¿y si hay algún médico que le gusta, qué?

Bromas soeces que en otro momento me podrían hacer gracia, pero que ahora mismo ni pizca, aunque también es verdad que las bromas de la vida me hacen menos gracia aún. Y es que yo creo que la vida debe ser inglesa, porque no entiendo su humor, ni siquiera con subtítulos... Si alguien los encuentra, por favor, que los tire a la basura, porque creo que no me apetece saber demasiado lo que dice. Me conformo con escuchar a las dos ayudantes de enfermería en su pequeña sitcom diaria. Es mucho más divertido.

5 de enero de 2014

Los engranajes del silencio.


¿Con qué animal te sientes representado?, yo con el silencio...., el máximo depredador que existe. Te atenaza por la espalda, te invade por dentro agarrándose fuerte, se adhiere a las paredes de tu traquea y no te deja hablar, se cuelga de tus genitales haciéndote cosquillas en el perineo mientras notas como, poco a poco, se te va metiendo por el culo y, al final, invade todo tu interior en una especie de caminata espectral.

El silencio se acerca a un grupo grande como un león a una manada de gacelas, casi imperceptible, mayormente etéreo... Notas como la gente habla, parlotea, charla, dice incongruencias, pero tú, sin embargo, sólo escuchas silencio, como si las palabras se suicidaran cuando llegan a la punta de la lengua. Palabras sin significado se tiran al vacío porque de eso mismo están rellenas..., de vacío. Y caen. Y se estrellan. Y tú las miras sin poder hacer nada tomándote un cubata de silencio que sabes que te va a sentar fatal, pero ahí estás, tragándotelo.

Llegas a casa y te masturbas. Notas como el silencio abre la boca y te la mama lentamente pasando su lengua por tu prepucio mientras te agarras a la cama para no salir volando y, al final, cuando no puedes más te corres, y de la punta de tu polla sale silencio..., un silencio espeso que se dispara y se dispersa por todo el aire de tu alrededor y que, paradójicamente, acabas respirando de nuevo... Inevitablemente acaba dentro de ti... Inevitablemente acabas, una vez más, engullendo otro bucle más de la vida.