3 de julio de 2016

Brasil.



Ni gemía ni nada. Era como follarme a una sandía pero sin el "chof, chof" característico. Era tarde, muy tarde. Quizá hasta demasiado tarde como para decirle que se fuera por donde había venido. El sexo no es diplomático, el sexo es visceral, animal, salvaje. En el sexo aparcas la cabeza a un lado, y sólo caes en la cuenta de que es así cuando notas que la otra persona no la ha aparcado. Sólo entonces vuelve a su sitio. Bueno, y también cuando te corres. Al eyacular, la realidad te apalea el cuerpo, el cleanex áspero recorre tu cuerpo junto a la soledad que, centímetro a centímetro, se expande por todos lados. La soledad en forma de semen que se entremezcla entre tus pelos y que cuando se reseca duele porque no se puede quitar fácilmente. La muy puta.

1 comentario:

Anónimo dijo...

¡Qué verdad más grande, nene!
Versátiro.