27 de noviembre de 2014

Sexual loop.



¿Conocéis esos edredones que suelen hacer los norteamericanos dónde cada cuadradito representa algo y los van uniendo y les queda un edredón super chulo? Pues ayer pensé que yo tenía uno parecido pero hecho de goterones de semen de la gente que va pasando por mi cama. Todo un collage que normalmente me envuelve mientras duermo.

Hoy lo he metido a la lavadora y parecía como si viera los orgasmos y la cara de la peña dando vueltas y vueltas, como una especie de espiral de caras extasiadas mezcladas con suavizante y detergente..., un eco de gemidos dando vueltas y más vueltas sin saber muy bien donde termina uno y dónde empieza el otro.

Centrifugado de recuerdos que salpican mi boca. Lavado corto de cerebro para no pensar. Y todo, absolutamente todo, sigue dando vueltas....

3 de noviembre de 2014

Anatomía de las soledades.



Me dijo que tenía el cuello anatómicamente perfecto mientras deslizaba su dedo por mi vena aorta y la diseccionaba con la misma precisión que un cirujano suele hacer con un paciente que sufre de aneurisma. Fue algo así como si me abriera en canal con el escalpelo de su mirada, de arriba a abajo, de abajo a arriba, tocándome con sus manos y reconociendo huesos y músculos cuyos nombres ni recuerdo..., el caso es que me fue descubriendo poco a poco mientras yo, mirando hacia arriba para mantener el cuello recto, sólo alcanzaba a ponerme tan duro que podría haberme quitado el pantalón sin nisiquiera tocarlo.

Me dijo que tenía miedo a estar solo y que era adicto al placer y, obviamente, pensé que para eso estaba yo allí... Me paré un segundo a reflexionar si yo tenía miedo a estar solo o si era una especie de adicto al placer, pero no llegué a ninguna conclusión, sólo sé que acabé fumando marihuana y viendo como él esnifaba popper en la cama mientras me ponía un condón y me preparaba para penetrarle.

Y no sé si las soledades se pueden tocar, pero las nuestras lo hicieron en forma de fricción rítmica  y pegajosa. Dos soledades asalvajadas, la mía haciendo tope dentro de la suya, intentando amansarse a golpe de embestida, con las manos entrelazadas y apretando tanto que hasta se escuchaban huesos crujir..., ¿o era la cama?

Por que ,¿qué somos sino personas que nos juntamos por el simple hecho de compartir soledades y fluidos?

6 de octubre de 2014

Hoy no.



Hoy me arranco las ganas de abrazar. Me muerdo los dedos uno a uno, sigo por las palmas y llego hasta a las muñecas donde me dejo dos muñones temblorosos y no..., no paro hasta arrancarme toda la carne y llegar a la altura de los codos donde me detengo a coger aire y escupir toda mi rabia.

Miro a mi no-brazo derecho y luego al izquierdo y deseo y espero que salgan dos alas de dentro para alzar el vuelo tan lejos como mis no-brazos aguanten.

Los pulmones se me encharcan de palabras no-dichas y los ojos de lágrimas no-vertidas... Hoy creo que no-existo. Al menos como yo quiesiera verdaderamente existir.

Hoy no.

24 de septiembre de 2014

Uretritis en el corazón.


"No puedo hablar ahora, están arreglando mi ordenador. Que tengas un buen día."
"Gracias, espero que lo arreglen pronto."

Espero que lo arreglen pronto, sí, porque lo que es lo nuestro no lo arregla ni McGyver, tenía que haberle dicho vía whatsapp.

Recuerdo que nuestro primer baile fue la alarma de su móvil sonando temprano por la mañana. Nos abrazamos y empezamos a bailar a ritmo de esa melodía medio hawaiana que invitaba a mover nuestras caderas y nuestra somnolencia al mismo tiempo. Sin embargo, poco después, todo se fue convirtiendo en un baile arrítmico y descontrolado donde cada uno se marcaba una coreografía tan diferente y perecedera que incuso llegamos a parecer dos estrellas fugaces en cielos totalmente distintos.

Siempre supe que lo que rápido empieza rápido acaba pero, a veces, apetece poner un poco la quinta marcha y notar como se revolucionan tus tripas y como los latidos parpadean a golpe de intermitente y todo se convierte en un viaje tan emocionante y rápido que no te das cuenta de ese paisaje árido y amarillento que va pasando a tu alrededor.

Y de repente notas un bache tan grande que todo se para en seco y descubres que aquello no es más que una estafa emocional a manos de un estafador que, en el fondo, sabes que te quiere, pero no puede evitar ponerse los guantes blancos e ir a robar a bancos ajenos. Y te quitas la venda de los ojos, y piensas que lo único que te une a esa persona es una puta uretritis de tanto follar y que debes saltar en marcha de ese coche porque, aunque la caída duela, sabes que va a doler menos que cuando te estampes de morros contra la roca de tus propias expectativas.

Y entonces vas y saltas y no sabes si te duele más el golpe o el sentirte estafado, decepcionado, o engañado, y vas y te quedas en el asfalto, boca arriba y con los brazos en cruz, respirando profundamente mientras que la raya continua de la carretera te atraviesa de lado a lado y tú intentas no ahogarte porque te sientes como un pez sacado del agua y abandonado en medio del desierto.

Y de nuevo piensas que lo único que os une es una cochina uretritis, todo se ha reducido a eso. Ya no hay más. Amoxicilina tres veces al día durante diez días..., el mejor remedio para los estafadores emocionales. Curioso, ¿no?

14 de junio de 2014

Con las canas y las ganas repartidas.



Noto el paso de los años en las canas que me salen en la barba y en los huevos. Las miro y pienso que representan los fracasos, los sueños derruidos, las suelas desgastadas de dar pasos en falso, las espinas de este cáctus desértico llamado vida. Son una especie de ábaco dónde puedes contar las veces que juraste no hacerlo más y, al final, volviste a hacerlo. 

De nada sirve arrancarlas porque de lo que no somos conscientes es que también tenemos canas en el corazón y, efectivamente, esas no son de las que se afeitan..., esas se sobrellevan y hacen de nuestra superficie cardiaca una especie de jardín del dolor dónde, en cualquier momento, te puedes pinchar. 

Últimamente me sorprendo tocándome la barba a cada momento, como si quisiera acariciar los escombros de mis castillos derrumbados y barrerlos hacia mi barbilla para que caigan al suelo y se queden por el camino, cosa que no sé muy bien si consigo.

Ah, y las que me pueblan los huevos son otra historia que, quizá, cuente algún día.

5 de junio de 2014

El ojo de la aguja.



Ahora todo ha desaparecido. De un día para otro el presente se ha transformado en un recuerdo deshidratado y concentrado muy parecido a esas pastillas de caldo que echas en el agua, pones a fuego lento y notas cómo se van difuminando hasta dejar un característico sabor artificial a fracaso al que, por otra parte, tan acostumbrado estoy.

Hay cosas no dichas que se me han quedado dentro creando el mismo efecto que si me hubiera comido un kebab..., pesan, se retuercen y pugnan por salir..., pero no es el momento porque no ha habido ningún "¿Por qué?" por su parte. La interrogación ha sido engullida por el orgullo y los puntos han sido usados como tapones para los oídos para no oír nada..., ni siquiera la conciencia.

Y vuelvo a estar como al principio, en el filo de la cremallera, dudando entre bajarla, sacarme la polla y disparar a todo el mundo como si de una metralleta se tratase o, simplemente, meterla en alguna boca que sepa encadenar más de dos frases seguidas y que tengan sentido. Lo mismo, de esa manera, consigo darme sentido a mí mismo. O no.

30 de mayo de 2014

El coleccionista de almohadas humanas.



Se dedica a coleccionar almohadas humanas..., o al menos es lo que yo creo. Se acurruca encima de mi y se queda dormido dejando sus sueños germinando en mi barriga..., ¿pero cuales son esos sueños en cuestión?, ¿qué es lo que recorre su cabeza mientras se deja llevar y se queda dormido encima de mi? Lo ignoro. Lo putamente ignoro.

He seguido quedando con el chico con el que he descubierto que, quizá, me saboteo. Las dos últimas veces que nos hemos visto ha sido en su casa, con una peli, una serie, un sofá, una persiana bajada y su cuerpo y el mío rozándose tímidamente hasta que, al final, han habido caricias, mimos, arrumacos, abrazos y... ya. 

¿Estoy demasiado acostumbrado a que en una situación como esa acaben bajándome la cremallera y amorrándose al pilón? Y tanto..., demasiado diría yo. Tanto y de tal manera que me sorprendió y me gustó esa ternura de hace unos fines de semana que me recordó a cuando yo tenía 10 años menos..., esa tensión al rozar los dedos de otra persona y notar su calor corporal, ese instante justo cuando sabes que te va a rozar pero aún no lo ha hecho. Como un meteorito a punto de estrellarse.

Pero cuando vuelve a ocurrir por segunda vez (ayer, pero, quizá, con menos intensidad), en el mismo sofá, con la misma persiana y la misma persona, notas que algo falla..., que no estás ahí para que se duerman en tu barriga, que no quieres sueños incrustrados dentro de tu ombligo. Y sientes que, esta vez, el meteorito estalla dentro de tu cabeza y llegada la hora te levantas y te vas tal y como has venido..., embarazado de sueños de alguien a que no crees que vayas a poder conocer porque no estás seguro de que se vaya a dejar.

Por un momento piensas lo bonito que son los comienzos lentos, pero cuando sales por la puerta piensas que algo no anda bien, que algún mecanismo ajeno está en reparación y que lo único que puedes hacer es intuirlo y quitarte esos sueños del ombligo como si de una pelusilla de la camiseta se tratase.

¿Me equivoco al pensar que algo le pasa (quizá que no le gusto) y que no es normal, o me he convertido en un monstruo que, simplemente, quiere un beso? En ese caso soy el ser más monstruoso del mundo... Un puto monstruo.

13 de mayo de 2014

Los actores perdidos.



Se le cierran los párpados tan léntamente que parece un telón que va bajando y deslizándose poco a poco. Sin embargo, y en el fondo, lo único que quieres es que empiece el segundo acto para que los vuelva a abrir y disfrutar de nuevo del espectáculo de su mirada. 

Te das la vuelta buscando al apuntador que le susurra momentos del pasado al oído..., dicen que se llama señor melancolía y que tienes que encontrarlo y ponerle una mordaza en la boca antes de que sea tarde. Eso o noquearle a la primera de cambio.

Y el público espera con las manos tensas para ponerse en pie y dar una gran ovación al final. Lo que no saben es que el final aún está por escribir.

28 de abril de 2014

Descubriendo el siempre jamás.




Te llama la atención la nueva frase de whatsapp del chico con el que has descubierto que, quizá, te saboteas. La copias, la pegas y la pones en Google. Quieres saber a qué canción de mierda pertenece para aferrarte más al hecho de que un mal gusto musical puede ser algo determinante para ti..., sin embargo descubres que pertenece a su blog personal y que no puede ser más íntimo y que, encima, está bien escrito. A la misma vez descubres su apellido. Escribes su nombre y apellido en Google y aparece ante ti: twitter, facebook e instagram de esa persona en cuestión.

En menos de medio minuto tienes su presente y su pasado al alcance de tus ojos, y sientes miedo..., miedo de esto llamado internet y de si quieres ponerte a escarbar en algo que, quizá, no es de tu incumbencia. Sin embargo lo haces, entras a todas las páginas y te das cuenta de que es un chaval que busca un amor puro, tradicional, quizá ñoño, pero que se asemeja mucho a lo que tu buscabas cuando tenías 12 años menos y que ahora se ha adulterado gracias a las experiencias y a toda la mierda que has ido barriendo y que te ha dejado la escoba pelada. 

Y caes en la cuenta de que tu yo de ahora no es ese de antaño..., que ahora es un yo adulterado, un yo inyectado con el botox del no esperar nada de nadie, y te entristeces porque te preguntas si todo eso se puede recuperar de nuevo tal y como lo tiene de intacto este chico.

Y lees un tweet donde pone "Bla, bla bla..., y ahora apareces tú", y no sabes si se refiere a ti o una mosca que se le ha aparecido en la sopa, o quizá se refiere a tu yo de antes, el de hace años, y decides no seguir leyendo porque bajando de fecha descubres que hace poco ha tenido un fracaso amoroso o intuyes algo parecido. Y, entonces, notas el frío del bucle y no sabes si es es el tuyo o es el suyo.

¡¡Apágalo todo!!

Lo apago, pero sé perfectamente que todo está ahí, que puedo meterme en el mundo de una persona sin que ésta ni siquiera lo intuya y sin ningún esfuerzo. Y yo me pregunto, ¿es eso bueno o, por el contrario, es una puta mierda? No tengo la respuesta..., quizá la encuentre en Yahoo preguntas, pero creo que me voy a estar quitecito, ¿no?


22 de abril de 2014

Sabotaje



Sabotaje: oposición u obstrucción disimulada.

Hoy me he dado cuenta que me saboteo a mí mismo, como quien mete un gol en su propia portería o hiere de un balazo a un compañero de guerra.

Bajo la premisa de que ahora mismo no quiero nada serio con nadie me enfrento a "elegir mi propia aventura" con el feaciente pensamiento de que vestir un poco de levedad durante una etapa no es nada malo siempre que, obviamente, no se convierta en algo crónico. Yo creo que actúo en consecuencia, pero me doy cuenta de que no.

Decides quedar con alguien después de que los guionistas de la vida te manden a la página 39 y te encuentras con lo que, más o menos, esperas, es decir, un chico majo, educado, normal, guapete, correcto, con su trabajo y extrovertido pero, al poco tiempo (y como siempre), empiezas a coleccionar fallos tales como: odia los animales o le gusta la música comercial española tipo Alejandro Sanz o Amaral. Y, de repente te entra la bajona porque yo adoro los animales y detesto la música comercial española con la fuerza de mil ciclones... Argh.

Entonces te despides con la promesa de volver a veros (lo cual se hará realidad, estoy seguro) y mientras caminas piensas que por qué coño le das tanta importancia a esos fallos si, en realidad, no buscas algo con futuro porque ahora mismo no te apetece complicarte la vida. ¿Es eso sabotaje sentimental?, ¿es que en el fondo sí que busco complicarme la vida y no busco levedad sino el peso de una relación futurible y seria?, ¿qué más da si no quiere acariciar un perro si con que te acaricie las pelotas es suficiente? Pues está visto que no.

Y te das cuenta de que los jugadores no saben a qué portería apuntar..., se dedican a mirar al entrenador (que soy yo) desconcertados y en busca de instrucciones o de una jugada maestra que no existe.

¿A qué página tengo que ir ahora?