9 de septiembre de 2008

Con "v" de ...


La "v" de la palabra volver siempre me pincha con su vértice en el lado izquierdo del corazón y en el derecho de la cabeza.

Mañana vuelvo. Mañana notaré el pinchazo.

Mañana mientras duerma los fantasmas me rozarán con sus sábanas en la cara y, aunque intente evitarlo, escucharé "te quieros" olvidados bajo el sonido sordo de las cadenas fantasmales que se arrastran por mi columna vertebral.

Mañana escarbaré en los cajones que un día fueron suyos para encontrar una pista o, quizá, un agujero donde poder esconderme los días que le eche de menos. Agazapado. Muy callado. Pequeñito. Mientras respiro.

Mañana vuelvo a Valencia, que también empieza por "v", y lo hago para intentar limar ese vértice y que no me pinche más. Echaré mano de alguna lima marca "valentía" que, al fin y al cabo, también empieza por "v". Ironías de la vida.

Y no hace falta que llegue mañana para llorar con este vídeo. Hoy es un buen día para hacerlo.


Sigur Ros - Viorar vel til Loftarasa

7 de septiembre de 2008

Yo te bendigo en el nombre de Armani...


Tengo resaca de caviar. Es normal teniendo en cuenta que ayer fui a un bautizo de esos pijos celebrado en un resort para turismo residencial dónde los extranjeros pueden jugar al golf y vivir en medio de la nada con todas las comodidades y lujos habidos y por haber.

El caso es que no me gustan las celebraciones familiares multitudinarias, y no es que mi familia sea pija, todo lo contrario, los pijos son "los otros". Sólo hay que buscar el corrillo de "machos" bebiendo cubatas y hablando de futbol a gritos... Sí, esos que balbucean cosas ininteligibles con la cara roja son mis familiares.

Estuve hablando de cosas triviales y estúpidas con gente que hacía siglos que no veía y que tampoco tenía ganas de ver, aunque siempre hay alguna excepción por ahí suelta que te alegra encontrar y que tiene una sonrisa de las de verdad.

Y mi primo (el del bautizo) llora con un "O sea es que, ¡buaaaah!" muy sonoro mientras me doy cuenta que uno de los camareros me está mirando más de lo normal con esa mirada de "Sí, sé lo que eres", y entonces le devuelvo la mirada en plan "Yo también sé lo que eres tú, ¿qué te crees?", y así nos tiramos toda la comida, miradita tras miradita. El único contacto verbal que tuvimos fue cuando me preguntó "¿Quiere usted vino tinto, señor?", "Sí, en la punta de tu polla", estuve a punto de contestarle, pero simplemente le dije "No, gracias". Maldita sea.

Y nos pusieron un satay a la salsa de no sé qué y que, traducido, era pollo pinchao en un palo, y solomillo rodeado de panceta a la vinagreta con piñones, que resultó ser dos mini-medallones de carne que me dieron ganas de ponerme uno en cada ojo (que seguro que cabían), levantarme y decir "Bip, bip, me voy al mcdonald de mi planeta, ¿alguien se viene?"

Y al final de la jornada van y me encasquetan un centro de mesa para que lo baje, siendo que no hay nada más cutre que llevarse los centros de flores de las bodas. Ya en la calle me cruzo con un grupo de jovencitos extranjeros rubios, fibrados y buenorros y uno de ellos, mirando a las flores, me dice "Oh, ¿It´s for me?", a lo que le contesto "Yes, it´s for you", pero pasan de largo sonriendo de buen rollo mientras me quedo mirando una flor lila que está a punto de quebrarse y caer al suelo justo igual que mi santa paciencia.


2 de septiembre de 2008

Tiene narices...


Ayer vi su nariz. Sí, simplemente su nariz en la cara de otra persona que no conocía de nada, pero era la misma..., era la suya. No había duda.

Después de quedarme un rato mirándola le hice un saludo con la mía, como moviendo las aletillas intermitentemente, pero pareció no darse cuenta, siguió recta y distraida en el rostro de aquel chico llamémosle "X". Estoy seguro que era la suya. La reconocería hasta en el fin del mundo de las narices perdidas.

Esa misma tarde me tomé un granizado de yogur y frutas del bosque con mi amigo E. El caso es que, en un momento dado y debido a que todavía no ha empezado el instituto, nos encontramos totalmente rodeados de jovencitos con las hormonas alteradas y granos en la cara y unas jovencitas de pintalabios suave y pendientes de aro e, irremediablemente, me dio por pensar en mis años mozos.

Llegé a la conclusión (y así se lo dije a E.), que he perdido mucho tiempo en mi vida, sobre todo a esa tierna edad. Me he perdido tantas cosas que sería incapaz de enumerarlas, y todas por voluntad propia ya que en esos momentos no veía más allá de las paredes de mi habitación (ni quería, yo estaba en mi armario creyéndome el único gay de este mundo). "¿Algo tendrás que haber hecho?", me preguntó E., a lo que conteste que sí, "mirarme la barriga".

E., escrutándome con cara de circunstancia mientras se tomaba su granizado de sandía, me dijo "Pues mira, eso que tienes hecho. Seguramente estos chicos llegará un momento que tendrán que pararse, poner el freno y mirarse la barriga un tiempo. Y tú eso ya lo tienes hecho, ¿no crees?".

La verdad, nunca lo había visto desde ese punto de vista. No sé si E. tiene razón o no, lo que está claro es que a estas alturas no me voy a poner la gorra para atrás, coger un monopatín y lanzarme a la calle a bebérmela cual calimocho..., me basta con pensar que no he malgastado tantos años de mi vida y que, de alguna manera u otra, sirvieron para ser como soy y saber lo que sé... No hay nada como cambiar la perspectiva de vez en cuando. Yo creo que deberíamos cambiarla igual que hacemos con la ropa interior. En ocasiones las perspectivas que tomamos se nos pegan en la entrepierna y molestan.

Y es que hay veces que tiene que venir alguien y darte un toque de atención para darte cuenta de las cosas... Aunque sea la nariz de un desconocido. Aunque sea un amigo que te mira a los ojos con granizado de sandía en la comisura de los labios.


31 de agosto de 2008

Momentos ye-yé.


Son esos momentos "mascarilla de oxígeno" los que me salvan de morir asfixiado en la rutina de estos días. Son esos dónde abres la boca, hinchas los pulmones al máximo para guardar aire puro dentro y, acto seguido, sueltas una carcajada procurando no morder el momento ni hacerle daño, sino todo lo contrario, intentas saborearlo poco a poco y hacerle cosquillas con la lengua donde sabes que más le gusta.

Esta semana he hinchado los pulmones lo más que he podido, los he sacado a pasear al aire puro de las risas, han corrido libres por el camino de las mandíbulas batientes y una vez terminado se han colocado un poco más renovados y esponjosos en su lugar de siempre.

Ha sido como vivir en una sempiterna canción ye-yé, de esas felizotas que rezuman ñoñería y buen rollo y que he descubierto hace poco. Sobre todo gracias al CD que me han grabado unos amigos y que también han decorado estupendamtente (véase foto).

Ahora sólo quiero ir por la calle bailando música ye-yé para vivir tiempos felices, o al menos para intentar atraer tiempos felices, que haberlos haylos (o eso dicen)... A ver cuánto me dura, señores.

¡A bailar todos!


23 de agosto de 2008

Días tontos.



Ultimamente lloro por todo, por cualquier cosa. Hacía mucho tiempo que tenía el grifo seco (y no me refiero precisamente a la polla), pero ahora es algo que me es difícil controlar.

Las películas se llevan la palma para emocionarme, pero también valen canciones e incluso programas de televisión. Soy un blandiblú andante y no me gusta ser así porque, vale que no soy tan duro como Walker Texas Ranger, pero ni una cosa ni la otra.

Y me pregunto hasta cuándo tendré "resaca emocional", de esa que en vez de martillearte la cabeza te martillea el corazón, de esa que te hace un nudo marinero en el estómago y te deja la boca reseca por los besos que ya no das. De esa dónde sólo te apetece estar en la cama, en el sofá o en sitios dónde no incluya la presencia humana como artista invitado.

Y me pregunto por qué no venden en la farmacia pastillas contra este tipo de resaca, porque si hay parches para los que están dejando de fumar y metadona paro los que se están quitando de la droga, ¿por qué coño no inventan algo para la resaca emocional que siento? Estoy casi seguro de que se podría hacer algo al respecto ya que el amor es una adicción como otra cualquiera y cuando te lo quitan, o desaparece sin más remedio, te da el mono al igual que un drogadicto.

¿Eso quiere decir que estoy en rehabilitación? Dios, se me va mucho la cabeza, y lo peor es que creo que no es un síntoma de la resaca, sino que es de nacimiento.

Suspiro y sí, se me va la cabeza porque el corazón se me fue a mitad de julio y aún no ha vuelto.


19 de agosto de 2008

Maldita seas, Carrie.



Me cago en Carrie Bradshaw y en su estampa cochina, así de claro.

Debo confesar que cuando empecé a ver "Sexo en Nueva York" no me gustó demasiado hasta que, finalmente, me terminó enganchando ese tono descarado e irónico que tienen algunas de las protagonistas de la serie que, como muy bien dicen en "Padre de Familia", va sobre tres tías que viven en Nueva York y su madre.

Ayer mismamente me dispuse a ver la película que hace poco estrenaron basada en la serie del mismo nombre. Ni más ni menos que dos horas y media de glamour, tacones, dinero, sexo, modelitos de marca, superficialidad y mucho, mucho amor. Y, digo yo, ¿pa qué coño necesito ahora mismo que me hablen de amor?, pues ayer tuve dos tazas y media con picatostes incluídos.

Parejas que se pelean, parejas que cometen errores, parejas que piden perdón, parejas que están destinadas a amarse para siempre, parejas que rompen, parejas que se reconcilian, parejas que se emparejan, parejas entre rejas, parejas que lo celebran con almejas, parejas que se comen las orejas... ¡AaAaAaah!

No, no necesito esa clase de información errónea e inflada como un souflé que viene de EEUU. Que sí, que se rumorea que el amor es universal, pero yo creo que lo inventaron los yanquis con películas como "Cuando Harry encontró a Sally" o "Titanic". Pues no señor, Carrie y sus tres amigas deberían dedicarse a hacer obras benéficas, vestir de Zara, beber Nestea, veranear en Benidorm, comprar "Pato WC" en el Mercadona y hacerse un dedo todas las noches y no pensar siempre que el amor es lo más importante y lo que te rellena plenamente por dentro como una empanadilla de pisto manchego. Que no me engañan, coño, que no.

Y todo esto sin subirme a unos tristes Manolos. Señor qué cruz.


16 de agosto de 2008

Rituales.



Y salgo a la entrada de mi casa para el ritual de todas las noches.

Enciendo la música, me dejo llevar por ella, saco medio porrillo, me lo fumo y, mientras, observo el mundo de las sombras, que, creo, siempre es mucho más interesante que el que tiene lugar a la luz del día. Lo mismo tiene algo interesante que decirme, lo mismo tengo algo interesante que decirl(m)e. Entonces me asomo y veo a una vecina caminando por la rotonda a pasos cortos (es ya muy mayor, de pelo cano y piel decrépita), parece un alma etérea, una imagen casi fantasmagórica, va sola, con su pena como sombra mientras anda y estira las piernas al fresquito de la noche. El año pasado murió su marido y, la verdad, ninguno de los dos me caía muy allá, sin embargo la miro andar y me invade una especie de tristeza distinta a la tristeza de llorar..., es como una tristeza empática, como la que parece sentir ella ese preciso momento. Lo proyecta su figura, sus pasos, su sombra...

A la noche siguiente volví a salir para mi ritual diario y allí estaba ella otra vez, como la noche anterior, casi levitando por la carretera. Entonces caí en la cuenta de que ese era su ritual, como el mío es salir a la entrada a escuchar música y ver la vida pasar a golpe de calada. Estaba haciendo lo mismo que yo. Ahora entiendo lo de la tristeza empática.

Quizá puede que sea una invención de mi cabeza y que sólo ande porque el médico le ha dicho que es bueno para las varices, pero prefiero pensar que es su ritual. Ese simple pensamiento me hace sentir menos solo.

Y yo, la verdad, creo que debería cambiar mi ritual por otro. Algo así como una partida de póker nocturna contra mi soledad..., para ver quién gana. Entonces la miro directamente a los ojos. La desafío. Despliego mis cartas. Escalera de dolor... ¿Qué?

Gano yo.


1 de agosto de 2008

Fluir.



La mejor crema protectora para no quemarte por dentro es no pensar en las cosas; declararte en huelga de pensamientos, sentimientos y actitudes. Es algo parecido a ir como un autómata por la vida. Un autómata que mira al suelo para no caerse y, a la vez, en búsqueda de paraísos podales, ya que para un fetichista como yo eso de que todos los tíos vayan con chanclas es maravillosamente excitante. Por eso en verano nunca me tropiezo. Miro al suelo con devoción en busca de un Dios con forma de uña.

Crema marca "levedad" me estoy echando. Está bien de precio, oiga. Yo me he comprado dos botes.

Ni Javier Marías, ni Cunningham, me apetece leer a Marian Keyes y embarrarme de superficialidad estúpida y efectiva. Eso es lo que hago por el momento.

Ayer tuve ganas de llamarlo (cosa que sólo hemos hecho 2 veces en 20 días y con resultados irregulares), pero no lo hice. Tuve ganas de cortarme los dedos para no poder señalar la dirección hacia donde tengo que ir. Tuve ganas de arrancarme las ganas y hacerme un broche con ellas, pero no lo hice.

¿Habéis vivido alguna vez en una vena atrofiada? Yo sí. A ver si encuentro un agujerito por donde salir y poder fluir. Echo de menos fluir.

Quiero fluir.


11 de julio de 2008

Corazón de patata.


Pues sí, tengo el corazón hecho una patata. Corazón de patata, que diría Anne.

Finalmente la profecía se cumplió y todo se ha roto entre él y yo. Han sido 6 años. Se dice pronto (prueba a decirlo)... Y aún tengo humor para bromear, hay que joderse.

Me siento extraño. Me siento en el balcón y veo a un señor echar una bolsa de ropa que ya no le sirve a un contenedor específico para eso. Se va.

Me siento inseguro. Me entran ganas de bajar, quitarme la piel a tiras y tirarla al mismo contenedor que el tipo de antes. Al fin y al cabo es mi ropa de todos los días. Además, es lo que siento ahora mismo, como si estuviera en carne viva, sin piel. No habría mucha diferencia.

Me siento triste. Todas las letras de las canciones cobran sentido. Hasta la más estúpida del mundo.

Y ya no huelo a abrazos, sólo a sudor. Es eso. Sin amor la magia se esfuma y el olor a abrazos se convierte en sudor.

Sudor e interrogaciones. Es el título de éste, mi verano.


5 de julio de 2008

Escocerá, lo sé.


El martes que viene acabo en mi trabajo y, estoy casi seguro, que un día de estos también acabaré con la relación que mantengo desde hace 6 años. Y no, no voy a lloriquear por aquí diciendo lo desgraciado que soy y lo mal que me trata la vida, porque no me siento así..., porque no soy así.

Tengo un problema, y es que cuando estoy enfadado no me afecta casi nada, ni la tristeza, ni la pena, ni nada de nada. Es justo cuando el cabreo se esfuma cuando todo viene de golpe y, entonces, empiezo a pasarlo mal. Es como cuando alguien corre un maratón y al día siguiente aparecen las agujetas en forma de dolor.

Ahora mismo estoy enfadado, y creo que me está durando demasiado. Por eso no puedo sentir ni calibrar el dolor futuro que seguro que vendrá a visitarme... No es bueno pero no puedo evitarlo.

Ojala todo fuese más fácil. Ojala todo estuviese rodeado de silencios, como en una película de Kim Ki-Duk donde la vida transcurre entre soplo y soplo del aire calmo que sale por la boca cuando exhalamos. Algo así.

Y en el último plano de la película alguien dice una única palabra que te salva, esa que te agarra con sus letras y te eleva, la que con su entonación te limpia la negatividad de dentro de los oídos, la que con su significado insufla sangre a tu corazón seco como una pasa, la que te rellena el estómago de inmediato y da de comer a las mariposas de nuevo, esa que impide que te duermas para siempre en un silencio puntiagudo e incómodo.

Esa.