Este finde he estado en Sitges en el festival de Cine Fantástico y de Terror y, la verdad, me han dado más miedo los especímenes que he visto paseando por las calles que las propias películas... He llegado a la conclusión de que los gays en Sitges son como las cucarachas, salen casi todos de noche. Con nocturnidad y alevosía.
Ha estado bastante bien porque me he reído, he comido, he paseado, he creado nuevos y buenos recuerdos y, en definitiva, me he sentido cómplice con todo lo que me ha rodeado. Dígamos que los momentos más incómodos han sido cuando dos de mis amigos no han parado de hacerse arrumacos y cariños durante las 24 horas del día, cosa bastante normal en una pareja reciente, pero no pude evitar sentirme "mal" ante tal visión de empalagamiento y azúcar.
¿Envidia?, puede ser, no lo niego. Aún estoy algo escaldado y me escuece todo lo relacionado con el tema... Prueba de ello lo tiene la canción que ha hecho de BSO de mis días en Sitges, "Muera el amor". No puedo estar más de acuerdo..., aunque sólo sea una pose. Aunque sólo quiera autoconvercerme de ello. A mí, por el momento, me sirve.
Ahora, en Valencia, me siento más relajado, sin sensaciones recientes que latan en mis sienes y me pinchen, porque ya nadie a mí alrededor se babosea constantemente, porque nadie dice "Qué guapo eres", "Nó, tú mucho más", porque nadie se hace masajes en los pies públicamente y porque nadie trastoca el endeble muro de papel de fumar que rodea la colilla de mi corazón.








