12 de abril de 2011

Erecciones terapeuticas.


Sé de buena tinta lo que es cruzarme con un ex con el que no has terminado bien y que se convierta en la mejor dieta del mundo. Instantáneamente notas como se te cierra el estómago, te pones recto, bien erguido y pasas de largo dejando las mejores huellas que tu dignidad te permite. Afortunadamente, y después de un rato, sientes como tu estómago vuelve a su sitio y tus pies vuelven a su ritmo normal.

También sé lo que es llegar a casa y no poder reprimir las ganas de masturbarme viendo las fotos porno que un día le hice y que uso de vez en cuando para disfrute personal. Mirándolas deseo follarle la cobardía con la que se comportó en su debido momento, y ansío correrme en su boca para que saboree una parte de mí ya que esa es la única manera de empatizar que conocerá nunca, sin embargo lo único que hago es ensuciar un cleanex y que el nudo vuelva a apresionarme por dentro.

Y esa misma tarde me voy a que me den un masaje, el primero de mi vida. Y me quedo en calzoncillos, me tumbo, y me soba el cuerpo una chica que no conozco, que no para de limpiarse la nariz y de decirme que no tengo callos, pero sí los tobillos débiles y una contractura en el cuello. Y mientras habla y me toca pienso cómo debe ser estar todo el día masajeando cuerpos ajenos que, verdaderamente no te apetece tocar. Y vuelvo a casa en metro, con el cuerpo empapado en aceites esenciales. Y me voy resbalando cuando intento agarrarme a la barra del vagón y me doy cuenta que es igual que cuando intentas alcanzar el equilibrio, que se te escurre. Es lo mismo, sólo que ahora huelo a esencias terapeuticas y tengo la polla tiesa pensando en ese impresentable de ojos rasgados.

1 de abril de 2011

¿Listos para disparar en el medio del cerebelo?


Casualidades de la vida mi amigo R. se folló hace un tiempo a mi profesor de Pilates, S. Ya todos sabemos que el mundo gay es muy pequeño, tanto que asusta, tanto que, a veces, me deja las pelotas del tamaño de huesos de aceituna apostados en un inmenso plato blanco llamando mundo. Pues el caso es que cuando le dije a mi amigo que, a parte de flexible, el profesor era muy majo, me miró con cara de asombro y me pregunto: "¿En serio es simpático?"... O sea, seguramente se verían los ojetes en primer plano, bien abiertos como donuts de chocolate, las venas de la polla frente a la cara, palpitando en la punta de sus narices, y, sin embargo, no sabía si S. era simpático o no... ¿No es triste? Me resulta chocante, me asusta mucho. De nuevo me deja las pelotas del tamaño de cuentas de rosario.

Y, mientras, me dejo querer por alguien que sé que con él no voy ni a la esquina del metro. Siempre con las cosas habladas, siempre con las cartas en la mesa, siempre con los calzoncillos manchados de líquido preseminal y siempre dispuesto a que me cubra con sus alas mientras duermo porque volar, lo que es volar, no me hace.

Y se me clavan las ganas de clavarle la polla hasta el cerebelo y, así, poder contarle cosas con el agujero de mi uretra. Se convertiría en una especie de boca susurrante y le diría todo aquello que se me ocurriera en ese momento. Seguramente producto de mi excitación, seguramente producto de mi imaginación. Seguramente todo producto de mi taquígrafa de turno; la soledad.


18 de marzo de 2011

Huevos duros.



Me jode sentirme atraído por esas personas que representan para mí una raíz cuadrada por la que tengo que devanarme los sesos, sudar y esforzarme por entenderlas. Me jode, sobre todo, por no poder disfrutar o enamorarme de aquellos que son "2+2=4" que, seguro, me van a hacer la vida más fácil con su liviandad. Como él, que me ha pedido como regalo de cumple que me ponga una pajarita y unos calzoncillos. Sólo eso... ¡Hecho!

El caso es que uno, a veces, desea ser uno de esos teléfonos móviles táctiles de última generación... Sí, verás, arrastra el dedo por la pantalla, deslízalo por mi espalda en busca del mensaje perfecto y envíalo. De paso activa el GPS porque nunca sabrás llegar dentro de mí. Porque los GPS no están hechos para mis laberintos. Si no te pierdes tú me perderé yo y nunca -n u n c a- nos encontraremos.

Y así ando. Hecho un huevo duro.

23 de febrero de 2011

18 de febrero de 2011

Soplando errores.


Me gusta su voz, me la follaría durante horas. Sin embargo no la utiliza para decir lo que quiero escuchar. Y el caso es que, si lo pienso bien, sería un error que lo dijera, pero últimamente mi dieta consta de un suculento menú de errores al ajillo..., que ni lavándome los dientes luego se me va ese regusto asqueroso que dejan los errores en la boca.

Y sería genial hacerme pequeñito para insertarme en sus pulmones con un mini fuelle y, así, poder insuflar aire y hacer que suba por su aparato fonador y diga lo que, finalmente, quiero escuchar... Fiu, fiu... Te necesito... Fiu, fiu... Te echo de menos.

Pero no es posible... Es más, sería una mentira. Una mentira más grande que mi culo. Lo dejaré estar. Lo dejaré morir. Luego iré al congelador de los recuerdos y lo meteré allí. A ver si hago sitio.


4 de febrero de 2011

Componiendo en tu epidermis.


¿Has probado a tocarle la cara a alguien y acariciársela de la misma manera que tocarías una melodía en un piano? Los toques son aleatorios, pero las sensaciones no. Destapas el piano y destapas también la caja de lo olvidado. Sabes que la otra persona escucha la misma melodía que tú, o, al menos, eso esperas... Hay gente que tiene muy mal oído.

Y deslizas tus dedos tocando un do en su mejilla, buscas un fa para hacer música en su frente, pones un sol en su nariz para que haga equilibrios allí y escondes un re en la comisuras de sus labios para buscarlo más tarde... Intentas componer aquello que quieres escuchar y, en ese mismo instante, funciona. Realmente suena bien.

¿Melodía verdadera o playback del autoengaño?

24 de enero de 2011

Sexcúbreme.


Se dedicó a mirar mi polla durante un buen rato, casi como si estuviese viendo el final de su serie favorita, como si intentara leer el futuro mirando dentro de mi uretra, como deseando que se convirtiera en el sex(t)o apéndice de su mano. La tenía frente a la cara, cogida con la mano derecha, sus diminutos ojos azules clavados en ella, sus deseos hormigueándole la lengua.

Hacía tiempo que nadie me descubría ni me investigaba como lo hizo él. Peinó mi piel con el rastrillo de su curiosidad en forma de dedos. Escrutó cada uno de mis rincones como el buscador de oro que va a la caza del tesoro. Me llevó al orgasmo dos veces y luego me devolvió a la realidad para que no me perdiera.

Aún ando pensando cual es la verdadera realidad. Qué es lo que hay detrás de todo. Si esos momentos forman parte de lo real o solamente son trozos de mentiras disfrazadas. Y no llego a conclusión alguna.

Quizá la próxima vez lo descubra... Si es que la hay.


13 de enero de 2011

Hoy..., que no es poco.


Hay veces que la marejadilla de mi cama no me deja descansar demasiado bien. No es bueno sentirse a la deriva en el mar de tus propios sueños...

No, no estoy en una época mala de mi vida. Ultimamente me siento bastante siento tranquilo, con ganas de disfrutar de las pequeñas cosas que me ofrece la vida... Es algo así como cuando vas a un supermercado y una azafata con una bandeja te da algo para que lo pruebes. Lo cojes, le das un bocado y lo saboreas. Pues así. Quiero saborearlo todo aunque sea pequeñito.

Voy por la calle agarrando de cada brazo a los corchetes del paréntesis dónde vivo ahora mismo. No quiero que nada ni nadie los sobrepase. Quizá me pierda gente y cosas, pero no me apetece despejar ecuaciones mentales de nadie. Quizá a mi calculadora solar se le ha acabado el sol..., quizá el sol lo llevo ahora por dentro y lo apago y lo enciendo cuando a mí me dé la gana.

Y me como las ganas junto con un bocadillo de atún con pimientos... Porque tengo ganas, señores, pero las engullo después de tomarme el omeprazol del autoconvencimiento para que no me siente mal.

¿Vomitar? No. Hoy más que nunca quiero quedarme con todo dentro... Ya llegará el momento de sacarlo. Ya llegará el momento de que mi cama sea mi propio salvavidas.


10 de diciembre de 2010

El viento de tus sueños.


Me han dicho que los juncos también crecen allí, encima del arco iris. Que el viento sopla y se ponen a bailar al son de los sueños de cada uno... Un tango para los apasionados, un vals para los románticos, un jazz para los soñadores, un blues para los melancólicos... Y cuando el viento se para se quedan tan quietos que hasta el arco iris se torna gris.

Hagamos bailar nuestros sueños al ritmo que nosotros queramos. Sólo falta encontrar al aire adecuado, el soplo inspirador, el viento que hace que encontremos el camino.


25 de noviembre de 2010

Sumando y restando.



Llevo 13 pajas en 72 horas, y hay que tener en cuenta que éste día aún no ha acabado.... También llevo 4 desilusiones (de mayor o menor envergadura) en un mes, y, que yo sepa, tampoco ha finalizado. Y me pregunto, ¿compensan las pajas con las desilusiones?

A eso súmale 17 picaduras de carcoma entre piernas, tobillos, caderas y espalda. Ponle dos o tres lavadoras para lavar las sábanas y que, así, la carcoma desaparezca de mi vida cotidiana.

Todo eso multiplícalo por la continua sensación de que para mucha gente (a la que ni siquiera conozco) soy como un anclaje al que se agarran para olvidar el pasado. Y no, no soy puto dromedario para que pongan su mierda encima y, además, me pidan que tire de ella... Bastante tengo con la mía. Es mi mierda, mi pasado.

Cinco mechas apagadas y 10 fuegos artificales abortados dentro de mí. Quema.

Y son dos los ojos de caleidoscopio que tengo y que por más vueltas que le de al iris nunca distingo ni distinguiré nada.