23 de octubre de 2011

¿Ducha o baño?


Resulta que los dos tendemos a la melancolía... Yo, concretamente, a esa melancolía etérea que te roza la piel y te la pone de gallina, pero que se va como viene, algo así como una especie de soplido en medio de una noche de verano.

Es parecida a una ducha de gotas finas que dejas correr por tu cuerpo y que, finalmente, se acaban secando por si solas, algo momentáneo, que incluso disfrutas y que luego se va por el sumidero de la ducha. Sin embargo me da la sensación de que él tiende a los baños melancólicos, a sumergirse un poquito más, durante un rato largo, y a hacer malabares para que no le sobrepase el cuello y, así, ahogarse. Es más peligroso, pero también es verdad que es una suposición mía.

¿Y qué pasa cuando saliese del baño melancólico?... ¿Me dejaría secarle con la toalla de las certezas?, ¿podría arroparle para que nunca tuviera miedo de lo que le susurra la melancolía?, ¿estaría dispuesto a acercarse a mí y dejarse secar por mis manos ávidas de darle todo lo que tengo para que nunca más tenga que aferrarse a sus recuerdos?

Tengo miedo.

Tengo miedo de ahogarme, pero no en la melancolía, sino en el fracaso... De nuevo.

17 de octubre de 2011

Nadando en tu luz.


Recuerdo que empecé a besar párpados cuando leí aquella frase en aquel libro que me marcó tanto; "Quién hubiera dicho que al besar los ojos de un hombre se pudiera ver tan lejos".

No sé si ellos se preguntan por qué me suelo acercar a sus ojos y poso mis labios ahí, suavemente. Quizá piensen que estoy loco, que tengo un fetiche ocular o algo así, pero simplemente lo hago para saber cuán lejos pueden llegar a ver.

Hay ojos que tienen tanta luz que me abrasan los labios, ojos que no ven más alla de sus propias narices, ojos que suelen mirar hacia Cuenca solamente, ojos con tantas ansías de buscar que no se focalizan en nada, ojos que hasta cerrados me traspasan hasta lo más profundo.

Sí, tus ojos tienen luz. Porque, no sé si lo sabes, pero eres pura luz. Aunque corro el riesgo que siendo sólo luz me falte la tierra para pisar firme y andar con pasos decididos, el agua para ser el protagonista de "Océano Mar", el cielo para volar alto con los brazos abiertos sin miedo a caer y el fuego para derretirme dentro de tus entrañas. Aún así eres luz..., que no es poco.

4 de octubre de 2011

Sacando de paseo a mi mascota.


A veces se me sale el corazón de sitio. Entonces voy y juego con él un rato (me lo pongo encima de la nariz para que gire un poco), y, así, al menos se entretiene. Luego vuelve a su sitio, quietecito, como si nada...

3 de octubre de 2011

Uno, dos, tres... ¡Acción!


De verdad, ¿soy yo el único que se monta películas en la cabeza que luego se quedan en cortometrajes normalmente dirigidos por “Decepción Fernández De por Vida”?

El caso es que siempre resulta ganador del premio al mejor maquillaje del autoengaño o el de mejor guión de ciencia ficción sentimental. Por goleada, además.

Y no puedo evitar coger la cámara en ristre e inventar en mi cabeza escenas una detrás de otra e ir filmándolas hasta proyectarlas por el entramado de mi cerebro mientras como palomitas de ilusión con azúcar… Quedan tan asquerosamente bonitas.

¿Por qué todo tiene que tener un comienzo, un desarrollo y un final? ¿Por qué no puedo empezar por un final anunciado, crear un giro argumental que se convierta en un principio inesperado y que luego se vaya desarrollando poco a poco?

¿Somos los directores de nuestras propias películas o lo es la sociedad y lo que todo el mundo espera de cada uno?

Madre mía, este puto blog se va pareciendo cada vez más al de Carrie Bradshaw de "Sexo en Nueva York". Me da que voy a tener que escribir algo porno guarro pero ya... Ostiaputa.

11 de septiembre de 2011

El rechinar de los engranajes.


Son los sueños y los deseos lo que vamos buscando como un perro que va detrás de la pelota que le tira su amo bien lejos. Queremos morderlos y que no se nos escapen. Son las fauces de la necesidad humana las que aprietan fuerte hasta hacer sangre a quien se ponga por delante.

A él le rechinan los dientes por la noche y, la verdad, me importa una santa mierda..., mientras que no le rechinen mientras me come la polla no tengo problema.

Últimamente tengo miedo porque estoy haciendo del hecho de relativizar las cosas un arte supremo y, quizá, algún día caeré en que nada me importe de verdad. Es algo así como narcotizarse, como fumarse el porro de la indiferencia sentimental. Lo malo que tiene todo es que, al final, acabas convirtiéndote en un yonki de lo tibio. Nada quema, pero tampoco está frío, así que todo termina dando igual.

Y no quiero convertirme en una carnicería de Beirut donde guardan el cerdo en una habitación separada del resto y cerrada a cal y canto. Es decir, no quiero hacer lo mismo con mis sentimientos, no quiero ponerles un candado y tragarme la llave para que nadie pueda abrir la puerta y luego, algún día de algún año, tener que cagarla, que seguro que duele y no me apetece.

Me rechina la cabeza y no puedo hacer que pare.


1 de agosto de 2011

El bufido de la suerte.


La semana pasada se me rompió el frigorífico, esta ha sido la televisión, ayer casi me atropella una moto al cruzar la calle. Ese mismo día una señora que no conocía de nada me miró por mi barrio y me dijo: "Ay, hijo, espero que tengas más suerte que yo...".

No sé si se estaba riendo de mí o quizá leía mi aura, pero el caso es que me entró un mal rollo en el cuerpo como hacía mucho tiempo. No creo en el mal fario, la mala suerte, el mal de ojo ni la sugestión, sólo creo en lo que veo..., y lo que veo es que últimamente todo se tuerce como la curva de un excalestrix.

Ayer vino mi compañera de piso y me contó lo bonito que fue la historia de dos chicos gays que se conocieron en su campo de trabajo (ella es la coordinadora). Vi las fotos y me parecieron ideales, igual que su historia de amor de 15 días (quién sabe si la continuarán en la distancia). Y me dio envidia, y me recordó la mala suerte que tengo en encontrar historias de ese tipo, que te dejan buen sabor de boca y no sólo sabor a semen o a cuerpo sudado.

Y caigo en la cuenta de que la suerte es como un gato... No siempre puedes acariciarla cuando quieres, sino cuando ella se deja.

Mi suerte debe ser un gato muy arisco, de esos que bufan y se les eriza el pelo cuando te ven. Afortunadamente yo de pequeño domestiqué muchos gatos así..., y no sé si esta vez podré. No sé cómo domesticar a la suerte para que, de vez en cuando, ronronee y se restriegue por mi pierna con su suave pelo. No quiero que coma d emi mano..., sólo que no huya de mí.

Lo prometo.

19 de julio de 2011

Nicotina en el corazón.


No me gusta vivir solo, igual que tampoco me gusta haberme enganchado a fumar a estas alturas de la película. Menos aún me gustan los dibujitos que ponen en las cajetillas de cigarrillos. Hoy miraba uno y pensaba que fumar es perjudicial para la salud, de acuerdo, pero las relaciones interpersonales lo son aún más. A ver por qué coño no ponen fotos de gente llorando en la cama, deprimidas en los sofás, mandando mensajes que no deberían o hurgando en facebook ajenos y, a la misma vez, en sus heridas.

¡El fumar no mata!, lo que mata es la soledad, la dependencia, la levedad, las bajas autoestimas, el miedo, la cobardía, la añoranza de lo no vivido y lo vivido. Eso sí que mata lentamente. Quizá no te deja la boca echa una mierda, pero te va destrozando por dentro.

Y sí, ya sé a qué huelo..., se lo pregunté el otro día y me dijo que tenía un olor cálido y protector. Curioso, ¿verdad? Que me lo tenga que decir él, que no tiene ni edad de sacarse el carnet de conducir y que me deje sorprendido por la respuesta tiene cojones.

21 de junio de 2011

Cuestión de piel.


Ellos dicen que huelo bien, pero yo no sé exactamente a qué huelo.

Todos coinciden en lo mismo. Llegado el momento, normalmente estando desnudos en la cama, acercan la nariz a mi piel y dicen la frase de que les gusta como huelo (no es algo puntual, claro, por eso me llama la atención). Y lo más gracioso es que casi nunco uso perfume y mi gel es de lo más normalito del mundo. Así que no sé a qué se refieren.

Sé que algunas mañanas huelo a tristeza, otras a rutina, algunas a alegría e ilusión y las que más, a resignación.

Mi duda podría descifrarse con una sóla pregunta "Oye, ¿y a qué huelo?", pero seguramente me dirían "No sé..., bien.". La gente es poco imaginativa, lo tengo asumido.

Me retuerzo y aspiro en mi brazo, pero quizá estoy demasiado acostumbrado a mí mismo. Ya son muchos años juntos y no suelo olerme, simplemente soportarme.

30 de mayo de 2011

Humbert in me.


Cuando creo que no me puedo sorprender voy y lo hago.

Me da la sensación que estoy jugando con fuego y es probable que, en algún momento, me termine quemando..., aunque dicen que si te prendes la mano con alcohol y lo enciendes no te quemas, sólo arde. Es una buena matización, pero aún así...

La ventana de mi habitación da justo a un jardín de infancia y cuando los niños están fuera no paran de gritar. A veces me dan ganas de salir a la ventana y ponerme a gritar con ellos. Gritar para arder por dentro pero sin que llegue a quemar.

El deseo me consume. Me quemo y ardo por él. Siempre he luchado contra ellos o me he reprimido, pero últimamente me cuesta más. ¿Mis principios arden?, ¿mis valores se queman?

Creo que necesito un extintor pero no sé exactamente dónde está ni qué forma tiene.


19 de mayo de 2011

Media galleta y sabor a pipí.


Hay veces que se me queda un regustillo raro gracias a las cosas que me rodean y pasan. Es una sensación que quieres que se vaya pero que tampoco te importa que esté ahí. Como cuando te comes una polla y sabe a pipí. Pues igual... No sé, algo raro.

Estos días ando pensando que soy adicto a las sensaciónes más que a las personas y eso es peligroso, muy peligroso. Todas las adicciones lo son, incluído el fumar, que hasta tengo tentaciones de empezar a hacerlo, pero no pienso ni convertirme en adicto a la nicotina ni a las sensaciones. ¡Por la gloria de mi madre!

¿No os apetece a veces arrancaros las pelotas y el corazón de cuajo? No sé cual de los dos primero ni en qué orden, pero una vez extirpados de nuestro cuerpo no podríamos tener ni deseos sentimentales ni sexuales. Toda una gozada, al menos para mí, que quisiera narcotizarme para no sentir nada de eso que hace que me complique la vida.

Propongo un master desde aquí, pero no uno de prevención de riesgos laborales, sino de prevención de riesgos sentimentales. Y me forro. Fijo que sí.

Ah, el otro día abrí unas natillas para comérmelas y sólo había medía galleta "María" dentro. La miré con decepción y caí en la cuenta de que podría ser un gran resumen de la vida. Perfectamente podría serlo.