Le masajeé su pie cristiano mientras que con el otro me tocaba la polla rítimicamente y me decía "Ay, perdona, pero es que me haces cosquillas y no puedo evitar moverlo", intentando autoconvencerse de que eso no era lo que verdaderamente era.
20 de noviembre de 2011
Masajeando miedos ajenos.
Le masajeé su pie cristiano mientras que con el otro me tocaba la polla rítimicamente y me decía "Ay, perdona, pero es que me haces cosquillas y no puedo evitar moverlo", intentando autoconvencerse de que eso no era lo que verdaderamente era.
15 de noviembre de 2011
Domingo al vapor.
Baja empicado haciendo un eslalon lento y pasajero deslizándose por tu desnuda espalda.
Llega al medio de tu pecho y notas como allí se queda cogiéndose las rodillas con los brazosencendiendo
esa maldita llama.
Y, al final, te terminas dando cuenta que una piel sin otra piel es como un invierno cerrado, nevado y sin una puta manta.
5 de noviembre de 2011
De soplidos y zapatos.

Te soplo y recibes mi aire sin ni siquiera escuchar lo que realmente te quiere/o decir.
No es un huracán de esos que te despeinan y te hacen achinar los ojos mientas pones cara de molestia. Es algo leve, casi susurrante. Una caricia de aire que proviene de mi interior y que se queda en tu exterior, escudo infranqueable repleto de soldados en posición de defensa.
Y me doy cuenta que mis pulmones son inteligentes, así que dejaré de soplar..., que el aire lo necesito yo para respirar profundo y mirar al cielo con cara de circunstancia.
Y me pregunto, ¿por qué cuando metes el pie en una zapatilla sabes si te está bien y cuando conoces a una persona por mucho que intentes meterte en su interior no lo consigues del todo? Con los miles de números que hay por ahí fuera y siempre te queda ancho, te aprieta o, simplemente, no pega con el resto de ti...
Zapatero a tus zapatos... Toshiaki, a por la bombona de oxígeno.
Click.
25 de octubre de 2011
Cartografía sentimental.
23 de octubre de 2011
¿Ducha o baño?

Es parecida a una ducha de gotas finas que dejas correr por tu cuerpo y que, finalmente, se acaban secando por si solas, algo momentáneo, que incluso disfrutas y que luego se va por el sumidero de la ducha. Sin embargo me da la sensación de que él tiende a los baños melancólicos, a sumergirse un poquito más, durante un rato largo, y a hacer malabares para que no le sobrepase el cuello y, así, ahogarse. Es más peligroso, pero también es verdad que es una suposición mía.
¿Y qué pasa cuando saliese del baño melancólico?... ¿Me dejaría secarle con la toalla de las certezas?, ¿podría arroparle para que nunca tuviera miedo de lo que le susurra la melancolía?, ¿estaría dispuesto a acercarse a mí y dejarse secar por mis manos ávidas de darle todo lo que tengo para que nunca más tenga que aferrarse a sus recuerdos?
Tengo miedo.
Tengo miedo de ahogarme, pero no en la melancolía, sino en el fracaso... De nuevo.
17 de octubre de 2011
Nadando en tu luz.

No sé si ellos se preguntan por qué me suelo acercar a sus ojos y poso mis labios ahí, suavemente. Quizá piensen que estoy loco, que tengo un fetiche ocular o algo así, pero simplemente lo hago para saber cuán lejos pueden llegar a ver.
Hay ojos que tienen tanta luz que me abrasan los labios, ojos que no ven más alla de sus propias narices, ojos que suelen mirar hacia Cuenca solamente, ojos con tantas ansías de buscar que no se focalizan en nada, ojos que hasta cerrados me traspasan hasta lo más profundo.
Sí, tus ojos tienen luz. Porque, no sé si lo sabes, pero eres pura luz. Aunque corro el riesgo que siendo sólo luz me falte la tierra para pisar firme y andar con pasos decididos, el agua para ser el protagonista de "Océano Mar", el cielo para volar alto con los brazos abiertos sin miedo a caer y el fuego para derretirme dentro de tus entrañas. Aún así eres luz..., que no es poco.
4 de octubre de 2011
Sacando de paseo a mi mascota.
3 de octubre de 2011
Uno, dos, tres... ¡Acción!

De verdad, ¿soy yo el único que se monta películas en la cabeza que luego se quedan en cortometrajes normalmente dirigidos por “Decepción Fernández De por Vida”?
El caso es que siempre resulta ganador del premio al mejor maquillaje del autoengaño o el de mejor guión de ciencia ficción sentimental. Por goleada, además.
Y no puedo evitar coger la cámara en ristre e inventar en mi cabeza escenas una detrás de otra e ir filmándolas hasta proyectarlas por el entramado de mi cerebro mientras como palomitas de ilusión con azúcar… Quedan tan asquerosamente bonitas.
¿Por qué todo tiene que tener un comienzo, un desarrollo y un final? ¿Por qué no puedo empezar por un final anunciado, crear un giro argumental que se convierta en un principio inesperado y que luego se vaya desarrollando poco a poco?
¿Somos los directores de nuestras propias películas o lo es la sociedad y lo que todo el mundo espera de cada uno?
Madre mía, este puto blog se va pareciendo cada vez más al de Carrie Bradshaw de "Sexo en Nueva York". Me da que voy a tener que escribir algo porno guarro pero ya... Ostiaputa.
11 de septiembre de 2011
El rechinar de los engranajes.

A él le rechinan los dientes por la noche y, la verdad, me importa una santa mierda..., mientras que no le rechinen mientras me come la polla no tengo problema.
Últimamente tengo miedo porque estoy haciendo del hecho de relativizar las cosas un arte supremo y, quizá, algún día caeré en que nada me importe de verdad. Es algo así como narcotizarse, como fumarse el porro de la indiferencia sentimental. Lo malo que tiene todo es que, al final, acabas convirtiéndote en un yonki de lo tibio. Nada quema, pero tampoco está frío, así que todo termina dando igual.
Y no quiero convertirme en una carnicería de Beirut donde guardan el cerdo en una habitación separada del resto y cerrada a cal y canto. Es decir, no quiero hacer lo mismo con mis sentimientos, no quiero ponerles un candado y tragarme la llave para que nadie pueda abrir la puerta y luego, algún día de algún año, tener que cagarla, que seguro que duele y no me apetece.
Me rechina la cabeza y no puedo hacer que pare.
1 de agosto de 2011
El bufido de la suerte.
No sé si se estaba riendo de mí o quizá leía mi aura, pero el caso es que me entró un mal rollo en el cuerpo como hacía mucho tiempo. No creo en el mal fario, la mala suerte, el mal de ojo ni la sugestión, sólo creo en lo que veo..., y lo que veo es que últimamente todo se tuerce como la curva de un excalestrix.
Ayer vino mi compañera de piso y me contó lo bonito que fue la historia de dos chicos gays que se conocieron en su campo de trabajo (ella es la coordinadora). Vi las fotos y me parecieron ideales, igual que su historia de amor de 15 días (quién sabe si la continuarán en la distancia). Y me dio envidia, y me recordó la mala suerte que tengo en encontrar historias de ese tipo, que te dejan buen sabor de boca y no sólo sabor a semen o a cuerpo sudado.
Y caigo en la cuenta de que la suerte es como un gato... No siempre puedes acariciarla cuando quieres, sino cuando ella se deja.
Mi suerte debe ser un gato muy arisco, de esos que bufan y se les eriza el pelo cuando te ven. Afortunadamente yo de pequeño domestiqué muchos gatos así..., y no sé si esta vez podré. No sé cómo domesticar a la suerte para que, de vez en cuando, ronronee y se restriegue por mi pierna con su suave pelo. No quiero que coma d emi mano..., sólo que no huya de mí.
Lo prometo.

