26 de marzo de 2013

Taponando pensamientos.



A veces me toca el lóbulo de la oreja para dormirse tal y como hacía con su madre cuando era pequeño. Yo, sin embargo, intento tocar los sueños con la punta de mis dedos para hacerlos encajar como si de un puzzle se tratase..., sin embargo, se escapan. Debe ser que mis dedos y los sueños son como imanes que se repelen. Mismos polos en una misma cama, luchando por ver quién se queda con la manta. La misma batalla de siempre.

Últimamente siempre me pongo tapones en los oídos para dormir bien, así me aíslo del resto del mundo y es como si no existiera, como si desapareciera por completo. De una manera instantánea el silencio se apodera de mí, los oídos se quedan a oscuras, sin embargo, sigo oyendo mi propia respiración, más fuerte que nunca. Siento perfectamente como el aire entra y sale de mis pulmones, es como si estuviera más cerca de mi todavía, conectado al 100%. No puedo oír otra cosa que no sea a mi mismo..., quizá por eso tengo pesadillas ultimamente, porque me respiro, me susurro, me cuento cosas por dentro que escucho perfectamente ya que tengo los tapones puestos y nada me impide perder la concentración en todo lo que pulula por ahí dentro. Ese amasijo de pensamientos que forman una placenta de la que me alimento todas las noches.

Cuando me quito los tapones me doy cuenta de que ahí está él, abrazándome. Es como si, de repente, conectara con todo lo que me rodea y me dejara llevar, deslizándome por el filo del sueño que aún me empuja para que caiga, de nuevo, en él...

Y no, no quiero caer..., tampoco quiero oír lo que los tapones me quieren decir. Estoy casi seguro que están hechos en china que, como todos sabemos, es una raza cruel.


16 de octubre de 2012

Siento negro.

Empiezo crujiéndome el dedo índice mientras escucho el sonido secretamente placentero y sordo que produce ese pequeño movimiento. Por una décima de segundo lo que verdaderamente me apetece es seguir con todos y cada uno de los huesos de mi cuerpo. Que todo resuene una filarmónica fúnebre crujiendo cerca de la medianoche y, así, no oír otra cosa que mi propio cuerpo resquebrajarse y caer al suelo hecho añicos. Sería como una alfombra de recuerdos que pinchan.

Al cabo de los siglos el viento vendría y me volaría por entre las rendijas de la ventana y me posaría justo ahí, al lado de tu tumba, y, de esa manera, poder susurrarte lo súmamente estúpido que eres y seguirás siendo para el resto de la eternidad.

4 de octubre de 2012

Yo, Saturno.

-¿Con qué sueñas, Divine? -le pregunto a mi gato mientras hacemos la siesta.
-Con ratones de atún. Voy detrás de ellos, persiguiéndolos... ¡Ñam! -me contesta.
-Pero no está bien comerte tus propios sueños.
 -Pues no lo hagas tú tampoco, papi.
-...

Pues sí, a veces somos como Saturno devorando a sus hijos, pero en vez de hijos devoramos sueños. De un bocado, sin ni siquiera saborearlos. Aunque sepan a levedad o, por el contrario, nos empachen hasta el dolor de barriga.

Mi amiga MD tiene cáncer. Está embarazada y, putadas de la vida, puede morir en el parto. Tener un hijo era lo que más ilusión le hacía en la vida. Se va a casar en Octubre y dice que no se nos ocurra tirarle arroz porque se le pueden colar los granos dentro de la peluca y luego cuesta mucho sacarlos y se cagará en nuestro padre... Eso es tener dos cojones, humor y ganas de desafiar a la vida.

Y eso deberíamos hacer más a menudo, desafiarla y no conformarnos con lo que nos pone de menú diario. A veces nuestra vida es de 7.5 euros, menú anti crisis. 

Y despuésde haberme bajado de aquel bote me subo en otro, pero esta vez más seguro de lo que hago. Un nuevo viaje del que ya me/os iré contando... Un nuevo crucero con paradas obligatorias en los mismos sitios porque, al fin y al cabo, esto sigue siendo un puto bucle.

7 de agosto de 2012

Granizado de semen.



Mi gato me mira mientras me depilo las pelotas. Me observa extrañado porque él sólo se las lava cuando le hace falta y no sabe por qué me acerco una máquina que hace un ruído infernal a semejante parte.

Él no entiende que hay que rasurar los fracasos de vez en cuando, que crecen muy rápido, que se van haciendo visibles y son antiestéticos. Él  no comprende que encontrar a alguien con un punto de vista diferente de las relaciones es duro, pero lo es más todavía cuando también tiene uno diferente de las rupturas. Satélites diferentes de formas de ver las cosas que orbitan en galaxias muy lejanas...

Tampoco entiende qué hace por casa un chino con un tatuaje de "Genio y figura hasta la sepultura" en el brazo mirándole con sus ojos de media avellana mientras mueve su enjuto culo hacia mi cama para que le de algo más que las buenas noches.

Al igual que no sabe por qué pulula ese chico amante de los conejos con chaleco bermellón y calcetines beige de punto moviendo su pelo estudiado y ondulado diciendo que le duele la espalda por coger una lámpara de pie de la calle. Necesita un masaje, dice..., pero lo que yo creo es que necesita una zanahoria para calmar su hambre de conejo. Y, efectivamente, no me equivoco.

En medio de este caluroso y lento verano sólo mi cama se convierte en un oásis. Sin embargo, todo, absolutamente todo, se va transformando en espejismo.

24 de julio de 2012

Canícula canibal.



Me hace gracia cuando veo a la gente conjuntada por la calle, intentando no desentonar en estilo y colores. Sin embargo, ¿por qué no conjuntan lo que piensan con lo que hacen?, ¿lo que hacen con lo que dicen?, ¿lo que dicen con lo que piensan? Escuelas de estilismo..., no gracias, escuelas de coherencia con uno mismo es lo que debería de existir.

Y mientras tanto sigo sin estar invitado a la fiesta de la felicidad. Sí, esa donde pasan con momentos en una bandeja y tú los vas cogiendo como puedes, te los metes a la boca y los masticas hasta que desaparecen. Ahí sólo entra gente VIP, o gente con suerte, o gente muy tonta, o gente muy lista.

Caigo en la cuenta de que por más que caces hormigas, siempre siguen saliendo... Y que por más que intentes atrapar sueños, siempre siguen escabulléndose. 

11 de junio de 2012

El sabor del desasosiego.


Nunca una tarrina de vainilla con brownie fue tan triste como aquella, y no porque supiera mal, todo lo contrario, sino porque en cuestiones de sabores los sentimientos tienen mucho que decir.

El dolor puede tornar amargo lo dulce. La soledad infiere un sabor terroso a aquello que te estés comiendo ahora mismo. La duda consigue que la boca te sepa como cuando tomas una chucharada de canela y te llega a la garganta. Toses, te asfixias, te ahogas en el mar de las dudas con canela y terminas vomitando.

Nunca una tarrina de vainilla fue tan amarga como aquella. Nunca unos trozos de brownie cayeron en un interior tan vacío. Y nunca un eco fue tan abismal como el que sentí dentro cuando, poco a poco, me fui sacando la cucharilla a la boca.


15 de mayo de 2012

Tu - Yo.



Tú eres zumo multifruta y tostada de pan con tomate, yo soy café con leche y croissant. Tú eres suma, yo raíz cuadrada. Tú eres de perros, yo soy de gatos. Tú eres Laura Pausini, yo soy Björk. Tú disfrutas en la playa, yo últimamente más en la montaña. Tú haces el amor, yo follo. Tú eres "Aquí no hay quien viva", yo soy "Anatomía de Grey". Tú eres de salado, yo, sin embargo, más de dulce. Tú impulsivo, yo de reflexionar. Tú eres de hacerlo por la tarde, yo más de hacerlo por la mañana. Tú comes comida basura, yo intento comer sano. Tú eres concreto, yo abstracto. Eres "Titanic" y yo... "Los amantes del círculo polar".

Y no es que yo sea más que tú, ni menos tampoco. No es eso.

¿Se supone que los extremos opuestos se atraen? Es algo que no paro de preguntarme estando contigo delante. No llego a ninguna conclusión pero la duda no me deja disfrutar del todo. Es algo así como un velo que me hace verlo todo borroso, como una media en la cabeza que me deforma la cara y, a veces, me deja sin aire, como unas gafas de 3D en una peli bidimensional con subtítulos que no alcanzo a leer bien. 

 Tú eres tú. Yo un cabrón.

1 de mayo de 2012

Derramando blanco.




Me fijo en que pone los ojos en blanco cada vez que se va a correr. Es como si su mente inundara el resto de su cuerpo de blanco y lo tiñera todo por completo. Son orgasmos blancos, no hay matices en ellos, como tampoco los hay dentro de su cabeza. Las ideas pululan sencillas y simples en un mar de semen y no importa que se derramen. En el fondo, no son importantes.

Estoy intentando ver lo interesante que reside en la simpleza, pero no lo consigo... Es como si me montara en el espermatozoide de lo sencillo, de la levedad, y éste empezara a menearse como un potro salvaje de rodeo americano y ahí estoy yo, haciendo equilibrios para no caer en el colchón de la complejidad en el que casi siempre duermo.

No sé si me explico..., ni siquiera sé si me entiendo. Es como esos tíos que se excitan follándose a alguien escayolado, de verdad que no los comprendo, pues eso me pasa a veces conmigo, que no me entiendo. Será cuestión de romperme un hueso y preguntarle uno de esos tipos que por qué se excita mirándome la escayola. Lo mismo quieren que le haga una paja con mi mano inútil.

Mi mente blanca, simple, mimetizarme... No puedo.

23 de abril de 2012

El kéfir de mi secreto.

Hay cosas que me cuestan trabajo contarlas hasta por aquí, así que mejor las dejo dentro de mí y que vayan creciendo como un kéfir dentro de un vaso de leche. Ese hongo interno de los secretos que va nutriéndose de ellos mismos y que te bebes todas las noches cuando te vas a dormir. Chupitos de autoengaño endulzados para no tener pesadillas.

Contarlo todo, desnudarte y echar para atrás el prepucio. Creo que todavía no. Me la guardo de nuevo.





1 de abril de 2012

Domingos de acero.

A veces se me estiran tanto las vértebras que suenan como botones al abrirse. Estaría bien eso de poder quitarse el esqueleto y dejarlo en la percha o en el tendedero para que se aireara un rato. Así el peso sería menor. Así ya tendría decoración para Halloween.

También molaría tener un mecanismo como el de los teléfonos móviles para poder apretar levemente encima de la cabeza y desbloquearse por completo. Tal que así.


Desbloqueado ya me pregunto si las cosas que nos rodean son como los chicles del mercadona, que a las dos mordidas se les va el sabor. ¿Y cómo hacemos para que el sabor dure? Yo me pierdo buscando edulcorantes, sacarinas, sucralosas y demás mierdas para que todo sepa a algo más que a ese aire que se te escapa entre los dientes.

Me gustaría escribir cosas de color rosa mientras pestañeo rayos de sol, pero sólo me sale mierda de la boca y realidades grises con forma de pelusa del ombligo.

Los domingos de acero hacen un pulso conmigo y siempre terminan ganando.