
Podría partir el año en dos y se convertiría automáticamente en la cara y la cruz. Una cara que me mira de soslayo y me sonríe como la Mona Lisa, y una cruz que me ofrece un hueco para que me suba y extienda los brazos mientras alguien busca mi vena con el fin de extraerle los ojos a mi destino para que no vea hacia dónde se dirige.
Ayer una amiga me dijo que le iba a preguntar a su péndulo (que, según ella, pocas veces se equivoca) sobre lo que me depara el futuro. Febrero, me dijo, Febrero es la fecha en la cual remontará tu vida, y el péndulo me dice un sí rotundo a la pregunta de si hay un ligue inmediato... ¡Ja!, ese "ligue"me acaba de hacer una pregunta nada conveniente y ha cagado totalmente mis ganas de seguir conociéndolo. Me ha dicho que era una pregunta inocente, a lo que le he contestado que no existen las preguntas inocentes. De verdad que no existen. La única que se me ocurre es "¿Una o dos cucharadas de azucar?".
El péndulo se equivoca. El "ligue" se equivoca. Las noticias se equivocan. La realidad se equivoca. Mi destino se equivoca... Y me pregunto si no me estaré equivocando yo también de batuta, porque esto es un puto desconcierto de año.